¿Bienvenido Lucifer?

 Lilia Paniagua |

En 1990, después de 30 años de permanecer enlatada, se llevó a cabo la premier de La sombra del Caudillo, filme realizado en 1960,  homónimo de la novela de Martín Luis Guzmán, los motivos de censura  eran evidentes y curioso fue, por cierto, que precisamente se hubiese destapado durante el sexenio salinista. Se dijo entonces que la premier de La sombra del caudillo significaba un parteaguas,  dado que marcaba el fin de la era del cine enlatado por censura; muchos de los que asistimos al cineclub Gabriel Figueroa así lo escuchamos.

Un nuevo lienzo  para el cine mexicano se dibujaba en el horizonte; había quedado atrás la decadencia en pleno del  cine de ficheras  de los años 70    en contraparte del  cine de autor de la misma década que fue obtuso y rimbombante  y  permanecía en la ignominia,  en los años 80,  la inaudita realización de cine de calidad hacía las producciones inverosímiles, inconcebibles; autores como Arturo Ripstein, María Novaro, Felipe Cazals,  no contaban con la difusión adecuada siendo infame mencionar a todos aquellos que habiendo producido una ópera prima no obtuvieron con la difusión  mínima  proveniente de las instituciones dedicadas al apoyo  del arte.

Los años 90 iniciaron con aquella ola llamada “El nuevo cine mexicano” que introdujo una nueva temática, proyección masiva  aunque  por corto tiempo pero finalmente con las implicaciones de la exhibición en salas  comerciales, en este período tanto directores como actores y actrices se dieron a conocer  y generaron cierta afición entre el público espectador; entre las películas más sobresalientes se hallan, Sólo con tu pareja (1991) Alfonso Cuaron,  Bienvenido-welcome, (1994) Gabriel Retes   y la de mayor impacto comercial  Como agua para chocolate (1991) de Alfonso Arau;   nuevamente se pensó que este nuevo tropel  de productores, directores y actores debía significar otro parteaguas  en la lastimada historia del cine mexicano; nuevamente no fue así.

Factores como la incontenible presencia de familias afamadas que ocuparon las cámaras, la coludida y selecta entrega del Ariel,  la invasión del mundo televisa impidiendo que fuera de su nicho  se lograra destacar, invariablemente han sido fenómenos que han orillado a los talentos a huir de este panorama  buscando la internacionalización y también han obligado a los estudiantes y nuevos directores a confinarse a proyectos sujetos a los presupuestos de las becas, a sujetarse a una paupérrima entrega de costos limitados por proyectos que se sabe nunca saldrán a la luz, hay  un maligno silencio alrededor de las austeras producciones nacionales mismas que están condenadas al festival escolar, a la intervención en foros o muestras esperando que un iluminado y portentoso  productor los descubra  y les dé una oportunidad preferentemente fuera del territorio nacional.

Esta es otra forma de enlatar al cine,  la falta de difusión  la indiferencia desarrollada como espectadores, la menguada y efímera  aparición que anuncia la extinción de nuevos proyectos en foros selectos y exclusivos que además resultan prohibitivos para formar un espectador agradecido con la producción de nuevas ideas, con un tratamiento alternativo de los temas  y la consabida negativa gubernamental a abrirse al apoyo de los artistas nacionales;  nos enfrentamos a un  tortuoso ciclo sin fin entre mafias y vicios del triste oficio del cineasta mexicano.

Uno de los foros que abrazaba las nuevas producciones ha sido la Cineteca Nacional, resurgida de entre sus propias cenizas se había propuesto ser el fénix en el que  descansaba la confianza acerca de la posibilidad de crear  un lugar para los espectadores de cine independiente y experimental, dicha confianza fue vulnerada con la reciente declaración del Director del recinto al  manifestar la censura al estreno de la cinta Lucifer.

La declaración causó polémica, por el contenido y por el lenguaje empleado, dado que el director apuntó el impedimento de la premier con la sentencia de que no se estrenaría por ser para “gente educada”;  es un golpe de muchos más, lo que sorprende e indigna es el perjurio con el que se anuncia  y  lo que resulta inconcebible es que no es en boca de la ignorancia sino de la erudición,  Pelayo,  quien presentó hace unos  años su libro La Generación de la Crisis. El Cine Independiente Mexicano de los Años Ochenta.  Es precisamente el vocero de esta autoinmolación, porque confinar al arte  a la privacidad de su exhibición es denigrarlo, deshonrarlo.

La efervescente reacción contra  la declaración fue inmnente,  se mediatizó y los usuarios la hicieron propaganda en las redes, la opinión  contra  la censura de Lucifer, se convirtió en  una causa viral, aunque quizás sea mucho decirlo así, sin embargo el efecto mediático rindió su fruto y el estreno se llevó a cabo, sin retractación, sin una nueva declaración, fue anunciada y se exhibió en una emisión a las 9pm que es ya de entrada parcialmente prohibitiva, privilegiado para un grupo selecto de espectadores, no obstante se agradeció.

El motivo del estreno y del propio filme será ocasión para una nota exclusiva, el objeto de la censura deja amplias brechas de reflexión de entre las que cabe destacar;  nos encontramos en un momento sumamente adverso para la difusión del cine de arte, así que somos los espectadores  quienes debemos en forma sucinta y urgente rescatar el concepto de “foro”, del “cine-clube”  como  recinto de intercambio de opiniones acerca de las producciones nacionales, abrir conversaciones con los  creadores, apreciar cada obra en su dimensión simbólica y abrirse a ésta en diferentes proporciones: obra-creador-espectador, creador-obra-espectador, espectador-obra-creador… en un diálogo y enriquecimiento continuo.

Por otra parte queda la batalla ganada y con ello la satisfacción y muchas preguntas; cuántos usuarios de redes que se manifestaron a la censura realmente se presentaron al estreno, es decir, hasta qué punto  esta doble vida viral o simplemente infecciosa de las redes  nos trastoca a todos  minimizando problemáticas profundas y emergentes tras  asumir con inercia causas que serán flor de un día  y en consecuencia lejos de  aprovechar el magnífico poder de las redes se convierten en herramientas de opresión: concédeles lo que piden, mañana nadie lo recordará.

Pese a lo anterior, recordar la importancia de valor estético y simbólico  es conformar el rostro  de cada ser humano, de su comunidad y del permanente diálogo en el tiempo al que llamamos cultura y es la puerta para abrir  su identidad y es precisamente en virtud de ello que bienvenido sea Lucifer.

 

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Lilia Paniagua Quevedo. Licenciada en filosofía por la UNAM, actual maestrante de la misma universidad, docente en el Tecnológico de Monterrey Campus Estado de México, sus principales intereses son cómo aplicar el recurso cinematográfico a la docencia  y qué habilidades intelectuales es posible fomentar en los alumnos  como espectadores de cine.

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