Hace 40 años exactamente que Amparo Dávila (1928) publicó su tercer libro de cuentos bajo el nombre de Árboles petrificados (Joaquín Mortiz). En este libro se dejan ver las atmosferas oscuras, sombrías y góticas que la reclamarían como una de las principales maestras de cuentos fantásticos y siniestros de nuestro país.

Su inicio en el campo de las letras, como el de muchos, fue tanto deseado como inesperado, puesto que ella quería dedicarse principalmente a la escritura de poemas. Cabe mencionar que todos sus poemas se encuentran recopilados en Poesía reunida, editado por el FCE en 2011, no obstante, su pluma brillará en la cuentística hasta el día de hoy.

Este giro hacia la prosa lo dio gracias a su maestro Alfonso Reyes, para el cual Dávila trabajaba como asistente por allá en los años cincuenta. Un buen día le enseña sus poemas a Reyes, él les da el visto bueno pero también le sugiere que intente escribir cuentos, Dávila así lo hace y a Reyes le gustan tanto los cuentos que arregla para que los publiquen. Dávila confiesa que ella sólo empezó a escribir cuentos porque Reyes se lo había pedido, así lo contó la autora en la charla dedicada a ella, dentro del ciclo de Mujeres de Letras del Palacio de Bellas Artes hace una semana.

En esta breve charla con Dávila, que también se incluye dentro de los festejos por los cuarenta años de su libro ya mencionado, los asistentes tuvieron la oportunidad de preguntarle acerca de su trabajo, de sus influencias y su proceso creativo. Entre los escritores que le inspiraban, en referencia a Hispanoámerica, mencionó a Juan José Arreola, Juan Rulfo y Agustín Yáñez.

También contó una particular experiencia con su lectura de Edgar Allan Poe, otra de sus grandes influencias, al confesar que leer los cuentos de Poe la angustiaban tanto que terminaba con una terrible crisis de colitis; la única manera en que pudo leer la obra del maestro del terror fue bajo un consejo de Julio Cortázar, quién le regaló a Dávila sus traducciones de Poe, con la advertencia de que lo leyera de poco en poco para que no se enfermara.

De igual manera, en esta plática habló un poco sobre su proceso creativo el cual se basa en la libertad y fluidez de la escritura, así el cuento se va tejiendo sólo mientras el escritor lo guía bajo cierto camino. Bajo estas palabras de Dávila, se dio lectura a varios cuentos ubicados a lo largo de su trayectoria literaria, entre ellos su famoso relato “El huésped” (1959), donde un padre de familia regresa de un viaje con un singular regalo para sus hijos: una creatura similar a un niño que empieza a perturbar la paz de la casa.

También se leyeron en voz alta los cuentos “Alta cocina” (1959) y “Tina Reyes” (1961) que dieron pie a los comentarios sobre la configuración de los espacios y personajes de los relatos, que se calificaron como oscuros, tenebrosos, desconocidos y por ello, inquietantes. No por nada se le conoce a Amparo Dávila como “la alquimista” de la literatura mexicana, puesto que los resultados de su laboratorio literario nacen de experimentos en busca del más allá, en busca de la inmortalidad y el oro figurativo.

Así pues, resulta significativo que la escritora oriunda de Zacatecas, confiese que su primer acercamiento a la lectura fue a través de la Biblia, especialmente el Cantar de los cantares de Salomón y los Salmos del rey David. No por nada, cuando se le preguntó qué consejo le daba a los jóvenes escritores o lectores, respondió que leer a los clásicos era fundamental, así como persistir y no rendirse en el oficio de la escritura.

Al finalizar la charla, Dávila agradeció que se le siga leyendo y estudiando, aunque se haya retirado aparentemente de la producción cuentística, también resaltó su entusiasmo en participar en este tipo de actividades, pues a sus 89 años (recién cumplidos, hoy 21 de febrero) sigue activa en la difusión de su literatura y en la cultura en general.

 

Foto de Cuartoscuro

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Melissa Campos (Los Mochis, Sinaloa 1994) es estudiante de Letras Hispánicas de la UNAM. Diseñadora digital en la editorial canadiense Exile Editions. Ha colaborado en la revista MilMesetas. Entre sus intereses está la narrativa, creación literaria y la moda.