Fotografía de Pablo López Luz. Tomada de la serie Terrazo.

Fotografía de Pablo López Luz. Tomada de la serie Terrazo.

ALEJANDRO SALVADOR PONCE AGUILAR  |

Aturdidos muros, oxidados edificios y robustos templos han vencido el cabalgar de los siglos en nuestra ciudad. Y en ellos, en palacios y cofradías, en catedrales y canales entubados, mexicas, gachupines, mestizos y chilangos han cometido sus crímenes, han juzgado a ladrones y a inocentes, han tomado a sus mujeres y sus mujeres los han tomado a ellos y parido a sus hijos. Casi 700 años de historias en la cantera labrada, en el agua salada y dulce, en las riberas lacustres con animales ya extintos han forjado el andar chilango.

Cronistas por montones los hemos contado. Desde el propio Cortés y Bernal Díaz del Castillo, pasando por los jesuitas como Clavijero, por novelistas como Manuel Payno y comentaristas de la jerga afrancesada como Nájera, la ciudad se ha desenvuelto en historias de conquistadores, de bandidos y asesinos, de actrices parisinas y de andaluces perdidos. Ya en el siglo XX Monsiváis y Joaquín Blanco siguieron labrando las anécdotas de la ciudad. Pero inexorable, como el comercio en la Merced y en Tepito, frenético de dichos y albures, acostumbrado a la perorata del regateo, los cantares de la ciudad no se detienen, no claudican, no mueren.

Tenemos que seguir narrando relatos sobre la ciudad, cantando a la ciudad su miseria y su alegría, sus risas en avenidas cortesanas y la pobreza risueña de sus callejones. Chidas Crónicas Chilangas. Desmesura del olfato escrito. Tentación placentera en la que inevitablemente, como en tugurios de semental picaconchas y en puestos del mercado atascados de tlayudas y de pulques, caen hombres y mujeres. La tentación es la tentación y se escribe siempre con mayúsculas. La palabra tienta a los hombres. La crónica es la búsqueda de la satisfacción de un placer primitivo y providencial.

Engaño de la lengua, retórica del azar. El lenguaje se enrolla en nosotros y los cronistas intentan sublevarse cargándole el muertito a la ciudad. Así la palabra se transforma en historia. Así la palabra se monta en su caballo, en su micro, en su bocho, en su nube o quién sabe en qué cosa y rastrea los pasos de ancianas olvidadas en asilos, de mujeres arrobadas por el olvido, de organilleros tocando en la alameda, de hombres cargando la carne que la ciudad devora y hasta de perros malviviendo y malmuriendo en calles de Iztapalapa. Chidas Crónicas Chilangas.

Paisano, ya es hora de comer, grita el taquero a sus clientes y el cronista escribe, esclavo de las texturas y de los olores, cómplice de las sutilidades de la actividad humana y astronauta de los matices de la palabra. Caminando en el espacio conocido, el cronista quiere expandir su mundo y captarlo. Paisano, ya es hora de comer, grita el taquero al cronista y el cronista responde con una historia, poniendo el peso de su experiencia en la palabra, economizando su imperio, siendo al mismo tiempo esclavo de él. El cronista es esclavo y dictador. El cronista chilango es virrey e indio amancebado. El primero y el último. Basta con saber oler y saber querer para ir por el camino del cronista. Con ese afán nos ponemos en marcha con Chidas Crónicas Chilangas.

En MilMesetas hemos encontrado este espacio de expresión para el cronista amateur. Cronistas con tintero recién estrenado, con ojos que se van abriendo al mundo, ávidos de la vida y desertores de la muerte de lo eterno. La historia no termina. Y en la Ciudad de México, Distrito Federal, Nueva Tenochtitlán, Chilangolandia, México por errada antonomasia, el mundo seguirá despertando diariamente hasta que la contaminación amenazante, el apocalipsis nuclear, alguna erupción solar o la muy buena y bien ponderada administración del gobierno terminen con ella a bazucasos, derritiendo órganos y comprimiendo pulmones.

Mientras tanto es tiempo de radicalizar el verbo, de abusar de la palabra y dejarnos abusar por ella. Por ello MilMesetas presenta la serie de crónicas: Chidas Crónicas Chilangas. En nuestro proyecto de dibujar la ciudad con los trazos de la pluma y el photoshop del teclado están incluidos autores como: Irenke Padilla, Ricardo Vela, Javier Hernández, Ena Chel, Jean Carlo Zambrano, Yair Peréz, Andrea Sánchez, etc. A lo lago de los próximos meses publicaremos periódicamente cada una de estas crónicas sobre la ciudad. Las historias están allí para el disfrute de todos porque sin lectores no hay cronista que valga dos pesos. Con ese ánimo esperamos que sean muchos los lectores de estas crónicas y que sea una buena experiencia para todos los participantes.

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