Existe una característica fundamental que como seres humanos compartimos: el conocimiento que un día u otro hemos de morir. Así pues, desde tiempos inmemoriales, la muerte ha sido objeto de diversos mitos e historias que buscan mitigar el miedo natural de los hombres a ese final irremediable; la religión por ejemplo, en todas sus modalidades, sirve de alimento espiritual a millones de fieles quese acogen a sus principios para explicar y justificar su paso por este mundo y de esta manera, lo que sobreviene después. Sucede que lo que hay detrás de tal abismo –la temible división entre la vida y la muerte—resulta un misterio colmado de interrogantes. Sin embargo, es un hecho que aquella línea ha de desdibujarse en determinado momento. Imprevisible, anunciativa o simplemente provocando su llegada más pronto, la pérdida de una persona corta relaciones, modifica caminos y define otros tantos.
Tal es el caso de Nora, personaje central de la ópera prima de Mariana Chenillo, quien a sus seis décadas decide adelantar su final. Antes de permitir que la muerte la sorprendiera, Nora, de religión judía, decide tomarle ventaja dejando una serie de instrucciones y recomendaciones a los suyos, entre ellos, su ex marido José, con quien mantenía una débil relación desde su divorcio unos doce años atrás. Sin la posibilidad de enterrarla enseguida, puesto que su muerte ocurre a mediados de una festividad judía, su cuerpo es velado durante cinco días en su casa. Y es en ese transcurso que nuevas dudas emergen, los recuerdos vuelven a ver la luz, aparecen ciertos enfrentamientos y conflictos personales; todos estos, ingredientes que vuelven Cinco días sin Nora una narrativa hábil y original dentro del devenir de la cinematografía nacional.
Dotada con una apreciable carga de humor negro, la cinta se recrea a través de atmósferas. Cada personaje es antecedido por una historia que nosotros como espectadores reconstruimos en nuestra mente y que facilita nuestra correspondencia con la película. En gran medida, se logra esta atención debido a que la mayor parte de la historia se desarrolla en el interior del departamento de Nora; por lo cual, el peso dramático y humorístico recae en la interpretación de los actores y no en grandes efectos o escenarios.
El filme aborda la capacidad de perdonar y bajar el orgullo para aceptar que existen lazos difíciles de romper y de olvidar; que la muerte de alguien que no sólo trajo dolor, más bien, reunió en su nombre a aquellos a quien amaba y unificó diferencias. Morir con el brindis de un encuentro y el intercambio de anécdotas en la mesa. Riendo y compartiendo en tu honor. Vaya manera de morir y ser recordado.
Hasta el momento, la cinta ha sido galardonada en distintos festivales de suma importancia entre los que destacan recientemente los Arieles, que otorgan la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, en los rubros de mejor película, mejor ópera prima, mejor guión original (de la propia Chenillo), mejor actor (Fernando Luján), mejor coactuación femenina (Angelina Peláez), mejor música original (Darío González Valderrama) y mejor maquillaje (Mario Zarazúa y Alfredo Mora). Asimismo, Mejor Dirección en el Festival de Moscú, Mejor Guión en el Festival de Tokio, Premio del Público en Morelia, Austin y Miami.
De este modo, Cinco días sin Nora es la prueba fehaciente que el cine nacional tiene propuestas frescas e innovadoras que ofrecernos y está en nuestras manos apoyar aquellas de calidad.
RL
Buena reseña. Acabo de ver la película, pero no me sorprendió. La fotografía me pareció muy buena y también la idea del departamento. Tampoco es malo el argumento ni el guión. Pero no me pareció la gran película que tanto se anunciaba. La actuación de Luján no me parece muy distinta a sus demás colaboraciones, vaya, no me parece la actuación del año.
Tal vez un tanto pretenciosa, pero para ser el primer trabajo de Chenillo no está nada mal. ¡Saludos!