Conan Doyle, el Caballero de los Misterios, a 80 años de su muerte

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Este año se cumplen ochenta años del fallecimiento del célebre novelista Arthur Conan Doyle , quien a los 71 años abandonó el enigma de la vida no sin antes haber sido bautizado, a bien de su trayectoria político-literaria, como Sir Arthur .  Sin embargo, como buen hombre inmortal de la literatura, Doyle continúa con su legado, mediante su hijo predilecto: Sherlok Holmes y el siempre bondadoso doctor Watson, quien lo acompañó en las 68 obras donde apareció.

Hombre de bastas cualidades artísticas –pintor, caricaturista, escritor y guionista de teatro-, de semblante severo y bigotes pronunciados. Doyle, dedicó sus horas libres a la escritura de historias verosímiles como la de Sherlock Holmes (1887), que se convirtiría en un clásico; a propósito de su gran narrativa y su perspicaz habilidad para resolver casos misteriosos.

 Doyle  a partir  1891 abandonó todo para dedicarse enteramente a las letras, logrando un gran reconocimiento en toda Inglaterra y gran parte de Europa. Sin embargo, la historia pudo haber sido distinta; si en 1891, no hubiera seguido el consejo de su madre, a quien toda su vida se refirió con mucho cariño y respeto. Doyle le mandó una carta diciéndole que quería matar a Holmes pues gastaba su mente. Su mentora contestó que la gente no lo tomaría de buena forma. Para subsanar este conflicto, el escritor se abstuvo de desaparecer al detective y mejor dedicó más tiempo a sus novelas históricas, las que, según confesó, siempre fueron sus predilectas.

Es tal el impacto de su más famoso personaje, que el hombre delgado, alto, de nariz afilada, de mirada aguda y penetrante, el gran Sherlok Holmes, logró anular la personalidad del asiduo estudioso de historia y política, consiguió opacar la figura del creador de novelas futuristas y series policiacas. La viva muestra es que hoy, se recuerda más al detective que al escritor.

Baste recordar que en una ocasión Homes había muerto, pero debido a las súplicas de sus seguidores , tuvo que ser resucitado en la obra titulada “Sabueso de los Baskerwylle” (1902).  De hecho, al morir Sir Artur Conan Doyle, en Inglaterra se colocó una estatua en honor a su trayectoria, lo curioso, es que ésta, representaba a su principal creación, es decir, a Sherlok Holmes. Otro ejemplo de la victoria de Holmes sobre Doyle, es que actualmente, el arte de observar, ver y deducir, no lleva por nombre “método Doyle”, sino “método Sherlock Holmes”.

Doyle fue un escritor único de la literatura moderna europea que también dedicó parte de su tiempo al rugby, en donde jugó como portero y anotador en ligas profesionales de Inglaterra. Apasionado del boxeo, en 1902 dio un gran golpe en la política de su tiempo al ser nombrado Caballero del Imperio Británico (desde ahí fue conocido como Sir Artur Conan Doyle) debido su participación en la campaña del Sudán (1898) y en la guerra de los Boers donde fungió como médico que ayudaba a los heridos del ejército británico, además de entretenerlos con cuentos e historias (1899-1902), además de la publicación de su obra: “La guerra en el sur de África: causas y desarrollo, en donde justificó la intervención de Inglaterra en África una vez concluida la Guerra de los Boers.

Su terco carácter, también alojaba una conciencia que difería de la rígida sociedad victoriana de su tiempo, lo que se muestra al criticar a través de Sherlok Homes, sus leyes tan rígidas. Así lo expresó Doyle: Es un crimen, una villania, un sacrilegio, obligar a que un matrimonio semejante continue unido, y les digo que estas monstruosas leyes de ustedes les traerán un castigo, porque el cielo no puede permitir una maldad tan grande’.

El también golfista, no pasó por la vida sin haber amado. Doyle, siempre estuvo enamorado de Jean Leckie, hasta que finalmente pudo casarse con ella en 1918, un año después de que falleciera su primera esposa a causa de la tuberculosis. Conan procreó cinco hijos, tres con su primera esposa y dos con la segunda.

En la parte donde su vida comenzó a quebrarse, Doyle se apegó a creencias espiritistas, abandonando por completo el catolicismo inculcado desde su nacimiento y el agnosticismo que pregonaba en su juventud. En esa recta final que se llama muerte, cuando ya se aproximaba al mundo perdido, donde yacían sus tres más grandes influencias: Walter Scott, Lord Macaulay y Edgar Allan Poe; Doyle ignoraba que figuraba como uno de los grandes novelistas ingleses.

Ya para 1930 la tierra había tragado sus dedos, su corazón se había detenido y el cementerio de la iglesia de Minstead en New Forest, Hampshire, alojaba con gran jactancia su cuerpo.

AM/RL

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