El arte de mentir (Almadía, 2014)

El arte de mentir (Almadía, 2014)

GONZALO TRINIDAD VALTIERRA |

 

“Para decir mentiras y comer pescado

hay que tener mucho cuidado”, decían los abuelos

Y seguramente hay mucho de cierto en esto.

Eusebio Ruvalcaba / El arte de mentir

Los equívocos

“Publicar un libro es una serie de equivocaciones”, me comenta Eusebio Ruvalcaba. Hace esto mientras apresura su vaso con whisky y hielo. Sus palabras tienen la misma temperatura que su bebida. El mismo aliento.

Mientras tanto, esperamos la hora acordada para caminar al Palacio de Minería en ocasión de la presentación de su más reciente libro de ensayos, El arte de mentir (Almadía, 2014), en la Galería de Rectores.

Una fila de personas espera al autor. En la entrada de la Galería de Rectores desconocen a Ruvalcaba. ¿Será un impostor? Después de todo el título del libro podría ser sólo una treta publicitaria de la editorial.

Con boleto en mano la gente ingresa al recinto. Entre los visitantes hay uno en especial que ha llegado de otro Estado, del altiplano mexicano, sólo para la presentación del libro. Otro mentiroso. Una carta falsificada a manera de invitación, firmada por un Eusebio apócrifo, le valió el viaje. ¿Un truco más de la editorial para promocionar un libro cuyo título inspira tan poca confianza? Vemos la carta. Eusebio se indigna, no por el hecho de la falsificación, sino por las comas en lugares erróneos.

La gente no aprecia las mentiras. Aunque mienta. Todos quieren realidad. Noticias objetivas. Realismo noticioso. Nada de ficción. Hechos crudos que se apeguen a su idea del mundo. ¿Por qué, entonces, llenar un salón tan prestigiado para que le ofrezcan nada más que falsedades? En el fondo, una buena mentira siempre asombra por su capacidad de mimetizarse con la realidad. Como un camaleón.

 

El orfebre tapatío

A partir de esa comparación con el torero José Ortiz Puga, mejor conocido El orfebre tapatío, Carlos Sánchez Lara leyó un texto emotivo sobre la nueva obra de Ruvalcaba. Una colección de “cien joyas literarias”, como lo definió el presentador, en las que el autor sostiene una batalla con la realidad; teniendo que recurrir al arte de mentir para sobrellevar  el conflicto. Al respecto, Carlos Sánchez hizo claras alusiones al tema de la lidia y la fiesta brava, motivo que se relaciona directamente con la última novela que publicó Ruvalcaba: Todos tenemos pensamientos asesinos.

Un detalle ameno y lúdico. Invitado por el autor, Héctor Trinidad Delgado tuvo la oportunidad de disertar sobre El arte de mentir. De manera espontánea y con un tono amistoso, encomió el valor de los ensayos de Ruvalcaba. Quien, en todo momento, se mostró abierto a escuchar a un joven que habla desde la perspectiva de los lectores.

 

Una prueba de fuego

Ruvalcaba es un digno descendiente de Montaigne. Quien puede someter a su escrutinio, lo mismo que el padre del ensayo, la realidad en los detalles más sórdidos, pero también en los más hondos.

Así, El arte de mentir es una prueba que el autor le impone al mundo para cuestionarlo. Elige el camino de la mentira. Por eso escribe, “mentir es una prueba de fuego, y no hay quien salga bien librado”. Mentir, para Ruvalcaba, no es un fin, sino un regocijo, pues “nadie, o muy pocos —digamos los pusilánimes— no disfrutan cuando mienten”.

En esto difiere Ruvalcaba de su antepasado Montaigne, pues éste decía: “Es a la verdad la mentira un vicio maldito. No somos hombres ni estamos ligados los unos a los otros más que por la palabra. Si conociéramos todo su horror y trascendencia, la perseguiríamos a sangre y fuego, con mucho mayor motivo que otros pecados”.

Pero las palabras son una conflagración que se evapora en el momento de ser pronunciadas. Mentir va más allá de las simples palabras. Es un arte de lidiar con el mundo. Y para ello, para sobrevivir, a veces es necesario el engaño y el ardid. En la naturaleza los más aptos mienten.

De ahí el gusto de muchos por decir mentiras. Pues “es una sensación que va colmando los sentidos, en particular el del gusto”. Nada sabe mejor que la dulce sabia de las mentiras.

Cosa que la mayoría aprendemos desde niños, y algunos perfeccionan. Pues el gusto de mentir es el de crear con las palabras posibilidades desaforadas y mundos que usualmente se caen como castillos de naipes.

Cuando la pluma de Ruvalcaba escribe sobre cosas tan pueriles como El arte de lavar los trastos, es porque en ello hay un sentido oculto por lo cotidiano. Como mencionó Carlos Sánchez, el trabajo de Eusebio es el de “destapar el pomo de las esencias”, las cuales a veces son fugaces. Y que sólo el escritor de oficio puede acariciar por un segundo.

Esta obra se suma a una cauda de trabajos ensayísticos y periodísticos que el autor ha compilado en varios libros. Sin duda, por su valor estilístico y la factura de escritor que caracteriza a Eusebio Ruvalcaba, es un libro que no decepcionará a sus lectores.

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