El Karnaval de Juan Francisco Ferré

Sileno, C. Faucci, c. 1768

Igual que la Ilíada, Karnaval (con “k”) comienza y termina en plena lucha: no existe en él un inicio ni un fin. Mas no se trata de una batalla entre aqueos y troyanos como la que canta Homero, ni es una lucha en la que intervengan los dioses olímpicos; en todo caso, la única fuerza metafísica que interviene es la ironía deificada. Se trata de una lucha bastante más enmarañada que la guerra troyana, puesto que se desarrolla en un mundo inédito en tiempos griegos: se desarrolla en un mundo de un capitalismo exacerbado, con sociedades posindustiales, con explotación humana altamente racionalizada, y con una hinchazón de información mediática que ataca a los individuos metiéndoseles por cada poro. En fin, el carnaval de Ferré se desarrolla en nuestro mundo y en nuestro tiempo.

La novela parte de un evento del que todos nos enteramos y que estuvo muy presente en la imaginación colectiva hace unos cuantos años: el escándalo sexual que Dominique Strauss-Kahn, el entonces director del Fondo Monetario Internacional, protagonizó junto con una camarera afroamericana, quien alegó haber sido atacada sexualmente por el banquero en un hotel de Nueva York. Ferré, no obstante, no busca analizar tal evento para hacer justicia a alguna de las partes, sino que intenta insertar su narración en el seno de las circunstancias mismas que lo produjeron. Sentado en el ojo del huracán, el lector queda aturdido por el despliegue de un sinfín de perspectivas que  dan cuenta de lo acaecido y de sus múltiples posibilidades de ser: en ocasiones el dios K (nombre que Ferré da a Stauss-Kahn) es quien nos habla, otras veces es la camarera afroamericana o algún otro narrador; también se insertan epístolas y otro tipo de documentos, con los que se trata de reproducir la abrumadora atmósfera que los medios de comunicación y la opinión pública producían gracias a la ingente cantidad de información-basura que se generaba en torno al caso.

Por tratarse de un caso de alta polémica, todo el mundo se interesa y se siente lo suficientemente importante como  para dar su opinión, y así la dan Slavoj Žižek, Noam Chomsky, Michel Onfray, Philip Roth, Lady Gaga, entre otros, cuyas ficticias opiniones se reproducen en la novela. La aparición de este tipo de personajes, así como las múltiples alusiones a elementos de la cultura popular contemporánea (como Kate Upton o Padre de Familia) pueden desconcertar al lector, sin embargo, me parece que son características valiosas de Karnaval, ya que dan cuenta de las circunstancias gracias a las cuales el escritor concibió la novela del modo en que lo hizo. Ferré justifica la inclusión de este tipo de elementos en su novela de un modo interesante: al igual que en la segunda parte del Quijote Cervantes narraba cómo el protagonista y Sancho se encontraban con un taller de imprenta en el que se estaba imprimiendo el Quijote mismo, en Karnaval  se habla no sólo de las últimas tendencias tecnológicas y culturales -como lo fuera la imprenta para Cervantes-, sino que también aparecen en el libro las condiciones de posibilidad que dieron lugar al libro mismo: se trata de una novela que, igual que el Quijote, se contiene a sí misma.

Ferré, con su novela, suelta un par de preguntas al aire: ¿Cómo es que una sociedad tan desmoralizada puede arremeter con tanta violencia contra el dios K, uno de sus productos por excelencia? ¿Cómo este mundo capitalista-posindustrial puede linchar mediática y políticamente a un hijo tan notoriamente suyo? El drama, o mejor dicho, el carnaval en el que estas preguntas se desenvuelven está lleno de ironía e ingenio y no carece de valías literarias. Se trata de una lectura que nos enreda y nos ataranta, como el tráfico de la ciudad o como la televisión con todos sus canales y sus anuncios publicitarios. Los méritos de Karnaval residen, pues, en la capacidad de su autor para desplegar una estética de la desmesura y el exceso que nos hace recordar otras monstruosidades literarias como Moby-Dick, Gargantua y Pantagruel, Tristram Shandy, estcétera, y en la agudeza con la que la novela monta un espejo irónico en el que nuestro mundo se ve reflejado.

Juan Francisco Ferré. Karnaval. Barcelona: Anagrama, 2012. 529 pp. (Narrativas hispánicas, 508). Ganadora del Premio Herralde de Novela 2012.

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