Hay pocos nombres en la historia que no necesitan de un apellido para apelar directamente a la persona que designan. Nadie necesita preguntar qué Dante es el autor de la Commedia; mucho menos cuál de los tocayos es el rey del rock ’n’ roll, ¿el cantautor de My Aim is True o el de “Suavemente”? Así como hay un Dante o un Homero en la literatura, hay un Elvis por antonomasia en la historia de la música popular. Como buen monarca, Elvis Presley (1935–1977) celebra este año su jubileo de diamante, correspondiente al sexagésimo aniversario de su disco debut, una obra de referencia para todo seguidor del Rey y para cualquier melómano.

Numerosos musicólogos concuerdan en los variados orígenes del rock ‘n’ roll, mencionando recurrentemente el estilo humorístico y frenético de las canciones del pianista Fats Waller y del cantante y saxofonista Louis Jordan de la década de los años 40, y, como piedra angular, Rocket 88(Da click en cada título o nombre en negritas para escuchar la referencia musical), la canción de Jackie Brenston de 1951. Un año después, Sam Phillips fundó Sun Records en Memphis, Tennessee, una disquera independiente que sería la primera en grabar a jóvenes artistas rockabilly, herederos de las influencias ya mencionadas, como Roy Orbison y el famoso cuarteto del millón de dólares: Carl Perkins, Johnny Cash, Jerry Lee Lewis y Elvis Presley.

En 1953, Elvis grabó su primera canción, My Happiness, como un regalo para su madre. Antes de comenzar a grabar, la asistente ejecutiva de Phillips, Marion Keisker, le preguntó al futuro cantante como a quién sonaba: “No sueno como nadie”, le respondió. Si bien se puede percibir que la voz en esta grabación temprana es inexperta y tímida, se atisba el ritmo interior, la coloratura (algo desteñida) y la ejecución (que, por fortuna, mejoraría) del Elvis que todos hemos escuchado. Un año después, volvería al estudio para interpretar el tema de 1946 de Arthur Crudup, That’s All Right, con una voz todavía bronca pero potente, que perfilaría la trayectoria del cantante. El sencillo vendió 20 000 copias.

El epitafio que le dedicó el New Yorker dice que en esta interpretación la voz “era un escalofrío agudo”. “That’s All Right” es una de las canciones de Elvis vocalmente más poderosas y atrevidas. Dos años más tarde, en 1956, su manager, el coronel Tom Parker, arregló el traslado de Elvis de Sun Records a RCA, donde grabaría su primer gran éxito, Heartbreak Hotel, posicionándose en el número uno de las charts durante ocho semanas. Fue uno de los primeros sencillos de la colección de Robert Zimmerman, antes de llamarse Bob Dylan y a George Harrison le provocó una “epifanía rocanrrolesca”, lo mismo que a Robert Plant y a Keith Richards.

No obstante, habría que esperar unos meses para que Elvis publicara un álbum completo. En marzo del mismo año, se lanzó Elvis Presley, su primer longplay y, por lo tanto, punto de partida obligatorio para conocer su música. Su portada es una de las más famosas de la historia: una fotografía de Elvis —que, presumiblemente, fue tomada por William “Red” Robertson en 1955, durante un concierto en Tampa, Florida— enmarcada en la esquina izquierda con el nombre del disco en letras verdes y rosadas. The Clash imitó su diseño en la portada del álbum London Calling. En el Reino Unido, el disco se publicó bajo el nombre de Rock ‘n’ Roll.

En 1956, el álbum contenía únicamente doce pistas. En el transcurso de los años, las reediciones se han encargado de añadir temas que habían sido grabados cerca de la fecha de lanzamiento pero que no se había planeado incluir originalmente, como “Heartbreak Hotel” o Lawdy Miss Clawdy, en cuyo piano se percibe la influencia de Fats Domino, uno de los músicos más admirados por Elvis. La edición de 1956 abre con una de las canciones más importantes de los 50: Blue Suede Shoes, compuesta por su intérprete original, Carl Perkins. En ese entonces, Perkins grababa para Sun Records, por lo que se llegó un acuerdo con RCA para que la versión de Elvis no fuera publicada sino hasta varios meses después.

La versión de Presley alcanzó mucha más fama que la de Perkins, a pesar de no tener los mismos resultados en las listas de popularidad. Sin embargo, Elvis consideraba que Perkins la había cantado mejor. Esa afirmación puede ser cierta, pero la interpretación de Elvis es, además de más rápida, más agresiva porque está henchida de vida. El segundo tema, I’m Counting on You, es una suerte de gospel blanco, según Will Fulford-Jones. Una de las grandes pasiones de Elvis era este género y su disco de 1967, How Great Thou Art lo demuestra. Más que la temática sacra, la segunda canción comparte con el gospel los coros, el tempo y el estilo de interpretación. Esta pista sirve como un breve respiro para el oyente.

La tercera canción del disco es uno de los mejores covers hechos por Elvis. I Got a Woman, uno de los más grandes éxitos de Ray Charles, fue lanzada en 1954. La aceleración que hace Presley en su versión la vuelve única, dotándola de una energía diferente a la de Charles. La versión original es, aunque no por mucho, superior a la del Rey del Rock (en enero del 2009, Rolling Stone situó a Elvis por debajo de Ray Charles, el segundo lugar, en la lista de los cien grandes cantantes de todos los tiempos); aun así, la destreza vocal de Elvis la vuelve una de las más memorables y mejor ejecutadas del disco. Junto con “Blue Suede Shoes” y la octava pista, es la única canción de este álbum que incluirá en el repertorio de sus grandes conciertos durante los siguientes veinte años.

Continúa la vivaz One-Sided Love Affair con esos teclazos en el piano, acompañando una voz mejor definida y más segura en las notas bajas, prefigurando el estilo característico del cantante que ha sido imitado por Freddie Mercury en Crazy Little Thing Called Love y por John Lennon en (Just Like) Starting Over”. Después de esta canción rockabilly sigue otra muy melancólica, I Love You Because, que corta tajantemente los ánimos de las pistas anteriores, dándole un descanso al escucha pero aburriéndolo un poco con esos registros cursimente plañideros. Habría que esperar unos meses para que Elvis grabara una canción con ánimos semejantes pero con mejores resultados estéticos: Love Me Tender, pista que comparte nombre con la primera  —y, como el resto, terrible— película de Elvis.

Regresan los ánimos con el ritmo nervioso de Just Because, que crea en quien la escucha la imperiosa necesidad de moverse. Termina la pista y, poco antes de alcanzar el clímax del disco, suena la batería más famosa del rock ‘n’ roll: “A-wop-bop-a-loo-bop-a-lop-bam-boom!”. Como en el caso de Ray Charles, la versión original de Little Richard (1955) es mejor que el Tutti Frutti de Elvis, pues sus audacias vocales son más agresivas y sobresalientes que las de Presley. De todas maneras, la prisa de querer romper con las buenas costumbres musicales de la época permea el cover, y es poco probable que el autor hubiese podido cantarla en ese tempo como se debe.

Según Fulford-Jones, la octava canción es la clave del disco. Trying To Get To You fue grabada en 1954 por The Eagles (no los del Hotel California, sino un grupo de R&B), cuyo vocalista influyó en la ejecución de Elvis. A diferencia de la versión original, el solo de guitarra de Scotty Moore reemplazó el solo con saxofón. Está canción es el puente entre el cantante amateur y el genio vocal de interpretaciones tan perfectas como Hound Dog o Jailhouse Rock. El mejor Elvis se anuncia discretamente en esta canción. A ésta le sigue I’m Gonna Sit Right Down (And Cry Over You) con su presteza rítmica y una vuelta momentánea a las notas graves.

Para comenzar el cierre del disco, viene la letárgica I’ll Never Let You Go (Little Darlin’), cuyo final da un giro inesperado. Quizá la única canción lenta digna de ser recordada en este álbum es la balada de 1934, Blue Moon. John Lennon afirmó que Elvis murió en 1958 cuando ingresó al ejército. Desde entonces, su reinado comenzó a repartir entre los súbditos una vasta cantidad de baladas y canciones country. Si bien esa no es la única causa del fin del rock ‘n’ roll, y dentro de esos géneros existen joyas como Can’t Help Falling in Love o In the Ghetto, la humilde interpretación de “Blue Moon” asegura la versatilidad de Elvis para interpretar, como él mismo dijo, todo tipo de canciones.

El álbum termina con un homenaje a Clyde McPhatter, vocalista de The Drifters, y a su tema de 1953, Money Honey, un buen final para un disco bastante inconsistente. El mejor Elvis se está gestando a lo largo de estas canciones. Incluso después de su época rocanrrollera, canciones como (You’re the) Devil in Disguise o Burning Love dejan oír el gran poder de su voz. Comebacks, conciertos en Las Vegas y miles de millones de discos vendidos hacen de Elvis una de las voces más importantes del siglo XX. En su propia tierra, fue uno de los pocos profetas que predijo con su música nuevas posibilidades y una liberación creativa para las generaciones venideras. “God save The King” rezaría en sus inicios la invasión británica.

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Fabián Espejel (Ciudad de México,1995) es poeta, traductor y estudiante de Letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es editor de Cultura y Humanidades de la revista en línea Paradigmas. Textos suyos han aparecido en Literal. Latin American Voices.