Encomio

“Las tres Gracias”, fragmento / Sandro Botticelli / Relieve por Enrique Orejudo Alonso

A la Universidad

 

Entre tus confines ilimitados

desaprendí el sagrado arte de la hipnosis.

Mi lugar tranquilo y reservado se cimbró y desvaneció en un santiamén.

Quedé inerme pero lejos de la esterilidad.

Caí profundamente

hasta el fondo

ahí donde la piedra volcánica es más negra.

Dormí, soñé, me diluí en un trayecto de vía única.

Y desperté cantera

listo para la metamorfosis.

 

Entre tus fronteras sin coto

me entregué al apetito de las bestias

o viceversa.

Y también, aquí,

en todas partes,

me erguí trasegado

premonitorio y con rumbo desenlazado.

Aquí tenté a la suerte

y noté que su piel puede ser áspera o llana.

 

Tú eres cuna de la creatividad

mía y de muchos otros

y tumba también

de bondades y desdichas.

A diferencia de lo que todos creen, tremenda,

tu legado va más allá de la belleza.

 

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Foto: ©Bruno Martínez

Christopher García Vega / Ciudad de México, 1985

No se tiene plena certeza del día en que nació o de la madre que se desgarró los pulmones durante el parto. Dicen que su padre, en muchos sentidos, fue como Cristo, pero en el más estricto fue como Sócrates, pues cuando las instituciones quisieron crucificarlo, se bebió seis botellas de coñac a modo de cicuta. Si acaso su existencia puede probarse, es más parecida a un heterónimo de Pessoa, aunque Pessoa seguro lo negaría, pues no es portugués ni está tan cuerdo. Su vida transcurre sobre las “calles-peyote” de la Ciudad de México, y a veces se pierde entre las espinas de los espectaculares y la amarga mezcalina que derrama la combustión de los autos. // @beren_n_luthien

 

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