Frutos de la tierra estéril: la ópera en México

Ópera del Palacio de Bellas Artes, Sala Principal. Foto: Ana María Cureño Ortiz. Tomada de El Universal.

Ópera del Palacio de Bellas Artes, Sala Principal. Foto: Ana María Cureño Ortiz. Tomada de El Universal.

BEATRIZ FERNÁNDEZ, BLANCA QUINTERO Y MELIZZA PRIEGO  |

Un, dos, tres… Voruba-aj-voruba-givildaaanojeman… ¡ALTO! Cantante y piano se detienen. Se trata de un joven que mira contrariado al maestro pues, aunque sabe la letra y su significado, jamás ha estado al borde de la muerte. Puede cantar, pero interpretar le cuesta trabajo… Un, dos, tres… empieza de nuevo, esta vez con más seguridad, pero el maestro lo vuelve a detener. Un, dos tres…hazlo de nuevo…Un, dos, tres… una vez más.

Omar se esfuerza por atender las correcciones del sujeto, de nombre impronunciable, que ha venido desde Austria para dar una masterclass de Lied en la Escuela Nacional de Música. El alumno agita las manos, contorsiona el cuerpo, retuerce la garganta y mantiene los ojos fijos en el vacío.  Sabe que no es el único y que en otras escuelas otros cantantes repiten el mismo proceso, y al igual que él, deben cantar una misma frase, una y otra y otra vez hasta que quede perfecto, ni un suspiro más.

Estudiar ópera en México es difícil por varias razones. La primera es la exigencia y la disciplina que plantea el arte en sí mismo. “En México los cantantes no se toman en serio su trabajo y son muy impuntuales”, declara al otro lado del teléfono Arturo Barrera, estudiante y ahora maestro de la Escuela Superior de Música. La ópera precisa más que un buen desarrollo y cuidado vocal. Al igual que la danza, el canto exige la intervención copiosa del cuerpo, y por eso mismo establece un conjunto de  prescripciones alimenticias y prohibiciones: no irritantes, no alcohol, no chocolate, no conciertos, no gritos.

La ópera en México llega por influencias en la familia o por obra del azar. Si viene de la familia es a causa de los padres que llegan a casa con un objeto alargado de metal que suena clic-clac, clic-clac (y que cautiva a los niños con su sonido-clac cuando éstos tienen tres años). Por la segunda vía, la música clásica suele aparecerse de manera azarosa, ya sea en forma del coro de una iglesia o de un maestro.

Todos los caminos llevan al Distrito Federal

Si se quiere estudiar ópera es casi inevitable venir al Distrito Federal, ahí se encuentran las tres principales escuelas de música del país —Escuela Nacional de Música, Escuela Superior de Música y el Conservatorio Nacional—, así como la mayor oferta de empleo. En provincia son pocos los lugares donde un egresado de canto operístico puede encontrar trabajo. Apenas comienzan a desarrollarse proyectos en Nuevo León, Culiacán, Guadalajara, Monterrey y  Yucatán.

Los cantantes vienen a la ciudad a estudiar porque es más fácil encontrar trabajo aquí. Esta situación también afecta a los salarios. Mientras que un cantante de la ciudad de México puede ganar diez mil pesos por una presentación, en provincia la paga puede reducirse a los dos mil pesos por realizar el mismo trabajo en instalaciones que, si bien podrían ser adecuadas, son usadas más bien como “auditorios escolares”, con un cuidado deficiente y un equipo en mal estado.

En provincia las condiciones educativas no son las mismas que en la capital. La mayoría de los alumnos que vienen a estudiar música a la ciudad de México lo hace porque en sus estados el nivel educativo es deficiente. Esto tiene que ver no sólo con el talento, sino con la preparación de los maestros y las oportunidades que éstos tienen para salir al extranjero y continuar su educación musical.

Edith Contreras, maestra en la Escuela Nacional de Música y en la Universidad de Guanajuato, comenta que  la situación allá es caótica. “En la UNAM sí existen oportunidades para estudiar en el extranjero. En la Universidad de Guanajuato no hay becas, no hay apoyos, no hay nada….Tenemos un edificio nuevo, mal construido, de mal gusto, con muchas deficiencias; nuevo, sí, pero a veces no es tan importante el físico de una institución como lo que hay dentro de ésta.” En pocas palabras, los edificios “funcionan por tradición”.

Un incentivo más para estudiar en el Distrito Federal es el hecho de que el monto de las becas varía si resides o no en provincia. La beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el Distrito Federal es de entre 10 o 15 mil pesos, mientras que en Puebla es de 4 mil pesos mensuales. Asimismo, aunque hay instituciones en otras entidades como el Conservatorio de las Rosas en Michoacán, o la Escuela de Música de la Universidad de Veracruz, es mucho más atractiva la oferta otorgada por las escuelas capitalinas: mejores maestros, mejores instalaciones, mejores apoyos económicos y espacios culturales, en fin, todos los caminos llevan a la capital.

Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Incluso en el Distrito Federal las oportunidades son estrechas. Si bien el apoyo financiero es más elevado que en provincia, no todas las escuelas tienen la capacidad de enviar a sus alumnos a estudiar al extranjero, tal es caso del Conservatorio Nacional de Música, que no tiene un convenio directo con otras escuelas ni a nivel nacional ni a nivel internacional. La única escuela que ofrece a sus alumnos la oportunidad de estudiar en otros países es la Escuela Nacional de Música. El problema con estas becas es la difusión prácticamente nula de las mismas y que los procesos de selección están viciados.

“De estudiante me dieron una beca pero no porque hubiera hecho algún examen, sino porque mi novia conocía a un funcionario de la Secretaría de Cultura. Así es, las becas se obtienen si tienes parientes o conocidos que te puedan ayudar. En México las instituciones no tienen la paciencia para estar escuchando 400 audiciones”, admite Arturo Barrera, cantante de ópera que se ha presentado en recintos como el Metropolitan Opera House en Nueva York y en el Vocal Arts Institute de Tel Aviv en Israel.

Bellas Artes: Sala de Usos Múltiples

El Palacio de Bellas Artes se alza como una obra gigantesca de mármol y bronce, tiene la fama de ser la meca de las artes en el país. Al lugar acuden bailarines, cantantes y músicos en busca del éxito dentro de alguna de sus compañías. Sin embargo, es un recinto que porta distintas máscaras, un día amanece galería, otro sala de conciertos, otro escenario de baile, sin ser nunca nada concreto.

Arturo Barrera, quien ingresó al Coro de Ópera de Bellas Artes y ha presenciado de manera directa las dificultades en este espacio, señala: “Es una sala de usos múltiples. No se dedica sólo a la ópera, sino también a la danza, a la música, a las artes plásticas”.

No se ha invertido en la creación de alternativas a la Compañía Nacional de Ópera. Crear una compañía requiere de mucho esfuerzo y dinero que muchas veces los maestros ponen de su bolsillo. “Yo sé que es un sacrificio enorme crear tú tu propia compañía, porque de antemano sabes que no tienes ningún apoyo que sea externo”, expresa Edith Contreras, quien ha sido testigo de los esfuerzos de sus compañeros docentes para crear nuevas propuestas.

A pesar de que los sueldos en Bellas Artes son “dignos para subsistir”, desde hace 25 años no han aumentado “ni un peso”. Además, los pagos pueden llegar a retrasarse varios meses: “Recuerdo que hace como tres años presentamos la ópera Carmen y tardaron un año y un mes en pagarnos lo de esa temporada”, cuenta Arturo Barrera.

Las temporadas en sí son también un problema. Los cantantes son contratados por evento, por lo que no existe una planta de cantantes fijos como la hay en varios países de Europa. Cuando Arturo Nieto desempeñó el cargo de presidente de la Asociación Mexicana de Cantantes de Ópera, sugirió que se debería hacer de la Compañía Nacional de Ópera “una compañía estable con cantantes de ópera contratados que cobraran un sueldo fijo, lo que les daría cierta estabilidad”. El proyecto funcionó durante un lapso muy corto de tiempo, para después ser desechado.

Otro problema dentro de Bellas Artes solía ser la programación de la ópera. No existía un plan de trabajo definido, se trabajaba con base en “ocurrencias”. Ahora, la dirección artística de la Ópera de Bellas Artes está a cargo de Ramón Vargas, lo que brinda un panorama más favorable para la ópera mexicana durante el 2014.

Los proyectos planteados por el tenor empezarán a llevarse a cabo en agosto del presente año. Uno de estos proyectos consiste en llevar producciones de ópera a estados como Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco, Michoacán, Coahuila, Hidalgo, Querétaro, Veracruz y Durango. Su meta es realizar 100 presentaciones de ópera fuera del Palacio de Bellas Artes.

Además, está la creación de un fondo especial de 250 mil pesos destinado a los montajes operísticos. Para el segundo semestre del año, se pretende realizar alrededor de 300 audiciones para formar los elencos de la programación de ópera de diciembre. Al menos, en la Sala de Usos múltiples hay ópera para rato.

Los Sísifos de la ópera

A pesar de todas las dificultades que esta carrera representa, las solicitudes a las ENM, la ESM y el CN se mantienen constantes. En 2013 el Conservatorio registró 200 solicitudes para ingresar a la carrera de canto, de las cuales 80 fueron aceptadas. Se graduarán, en promedio, 12 estudiantes. En la Escuela Nacional de Música son 450 los solicitantes, de los que sólo son aceptados 20 por generación.

Los espacios tanto en las escuelas como en el mundo laboral siguen siendo insuficientes. La corrección de estos problemas depende de la iniciativa tanto de las autoridades como de los cantantes. Más allá del poco desarrollo a nivel nacional de diferentes centros culturales, más allá de las reducciones de inversión en cultura y arte por parte del gobierno federal, más allá de las escasas becas otorgadas a los estudiantes y a los profesores, por alguna razón siguen cayendo, como de los árboles, jóvenes interesados en hacer música.

La premisa que reza que el ajedrez no es como la vida, sino que es la vida misma, puede aplicarse perfectamente a la ópera. Para hacer ópera, tienes que desayunarla, comerla, cenarla y, aun así, la retribución no siempre es justa. Para “vivir bien” dentro de la música es necesario tener uno, dos, o tres trabajos más. Dar clases particulares, dar clases en la universidad, buscar una oportunidad en Bellas Artes, cantar en coros, concursar por becas, desarrollar, buscar, rascar y seguir rascando.

RMM|BF, BQ y MP|

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