Gilberto Owen ha sido mi gran descubrimiento de esta primavera dentro de la poesía mexicana, puesto que a la par con las lecturas de sus contemporáneos Carlos Pellicer y Xavier Villaurrutia, Owen parece más cercano al lirismo romántico e intimista como Pellicer lo es a la vida y Villaurrutia a la muerte.

Owen nació en El Rosario, Sinaloa en 1904 y falleció en Filadelfia en 1952. Su producción literaria es escasa, aunque suficiente para convertirlo en uno de los mejores y más importantes poetas mexicanos del siglo XX. Sus títulos son Desvelo (1926) Novela como nube (1928) Línea (1930) El libro de Ruth (1946) Perseo vencido (1948, considerado el mejor de sus libros por la crítica) y Poesía y Prosa (1953).

A finales del siglo XX, varios escritores depositaron su interés en el que era uno de los más olvidados poetas mexicanos hasta ese momento, por lo que retomaron la poesía de Owen para difundirla y estudiarla. Entre ellos estaban Jorge Cuesta, Octavio Paz y quizás el más estudioso del poeta sinaloense, Tomás Segovia, quien apuntaba que Owen era el más alejado de la estética del grupo sin grupo de los Contemporáneos.

Lo anterior no es una desventaja sino una particularidad que tiene su gracia, además de ser el más joven del grupo, Owen se distinguió por su poesía principalmente apegada a la biografía y al romanticismo (con la acepción del siglo XXI). Tomás Segovia recalcó que “la transmutación poética de la materia biográfica” era lo más valioso de la producción literaria de Owen.

Bajo esta línea biográfica, Owen emprende una búsqueda interior, una aventura íntima  ̶̶ digna de una epopeya ̶̶  en lo más profundo de las emociones y sentimientos. De ahí que Luis Mario Schneider lo llame el más romántico de los contemporáneos “el menos civilizado, el más épico”.

Tampoco es gratuito que Segovia lo compare con Gérard de Nerval, puesto que ambas almas románticas utilizan sus obsesiones personales, sucesos de su vida y datos biográficos para plasmarlos en su literatura, pero de una manera mitificada, es decir, convierten estos elementos en universales, misteriosos, casi mágicos.

La inexorable Diana, e Ifigenia,
vestal que sacrifica a filo de palabras
cuando a filo de alondras agoniza Julieta,
y Juana, esa visión dentro de una armadura,
y Marcia, la perennemente pura.

Y Alicia, Isla, país de maravillas,
y mi prima Águeda en mi hablar a solas,
y Once Mil que se arrancan los rostros y los nombres
por servir a la plena de gracia, la más fuerte
ahora y en la hora de la muerte.

(De Simbad, el varado en Perseo vencido)

Se podría decir que la poesía de Owen es viviente. Palpita en cada verso. En sus poemas, la vida no se literaturiza sino la literatura se vivifica. Así, bajo su pluma puede verse el paso de las historias de La Odisea, de Las mil y una noches, la Biblia, los mitos grecolatinos, entre otras, que se renuevan al ser mezcladas con las pasiones juveniles, los desamores, la soledad,  las leyendas personales y la tristeza de la voz lírica.

Estos mismos elementos hacen que aquello que pueda parecer superficial y frígido, íntimo pero banal, como una canción al amor o al desamor, sea algo épico, trascendental, más allá de la terrenalidad humana a la que están clavados. De esta manera, Owen no sólo pasa a ser el más “romántico” de los Contemporáneos, sino también uno de los más experimentales e innovadores.

Algunos de sus poemas dedicados al amor y sus desgracias están recopilados en la excelente selección que hizo Élmer Mendoza en Me he querido mentir que no te amo (FCE, México, 2014) donde vemos al Owen más cercano, más íntimo y pasional. El libro es nombrado por un verso de Owen que pertenece al poema “Booz canta a su amor” incluido originalmente en Perseo vencido. Aquí una estrofa del poema:

Vámonos por las rutas de tus venas
y de mis venas. Vámonos fingiendo
que es la primera vez que estoy viviéndote.
Por la carne también se llega al cielo

Como ya había mencionado, se considera que el mejor ejemplo de la poesía de Owen es el último libro que publicó en vida, Perseo vencido (1948), donde lo mítico se fusiona de una manera misteriosa con el rechazo de un enamorado, con la desolación de un náufrago, con lo más profundo del sentir humano.

Y luché contra el mar toda la noche,
desde Homero hasta Joseph Conrad,
para llegar a tu rostro desierto
y en su arena leer que nada espere,
que no espere misterio, que no espere.

Este libro está divido en tres secciones y un poema aislado con el cual inicia, titulado “Madrigal por Medusa”. Luego le sigue “Simbad el varado (bitácora de febrero)”, una sección que contiene veintiocho poemas, cada uno correspondiente a un día del mes, enlazados por algunas líneas temáticas como las propias aventuras de Simbad el marino, el mar, el naufragio y el desamor. La segunda sección la componen tres poemas que corresponderían al día veintinueve de febrero, llamada “Tres versiones superfluas”, y por último, el tercer apartado se titula “Libro de Ruth” con otros tres poemas donde el personaje bíblico Booz, esposo de Ruth, es el protagonista.

De esta manera podemos resumir que la poética de Owen oscila entre el magistral uso de la materia biográfica, el discurso amoroso  ̶̶ con tintes de epopeya ̶̶  , las referencias a grandes historias de la literatura universal. Así como también se podrían aplicar perfectamente las tres líneas discursivas de Perseo vencido en toda la producción poética de Owen, tres líneas que Tomás Segovia definió así:

por un lado es el diario en verso de una ruptura amorosa, por otro lado es la bitácora de navegación que es toda ella naufragio; finalmente, es una especie de inversión, quiero decir versión al revés de la leyenda de Sindbad, un Sindbad varado, cuyo viaje es tan sólo al infierno de la inmovilidad

A este última cita me gustaría añadir una observación que hace Octavio Paz respecto a la tres temáticas que Segovia distingue. Paz reflexiona que en el libro de Owen tanto el naufragio como la inmovilidad son la misma cosa, y añade que no deben verse ninguno de los elementos de la poética de Owen como entes separados: “Owen poeta erótico, poeta de la poesía y poeta hermético: no tres poetas distintos sino tres aspectos de la misma persona”.

Con este breve recorrido vale la pena acercarse a Owen ya sea por el excelente y práctico libro que compila Élmer Mendoza o por el gran y único Perseo vencido, también publicado por el Fondo de Cultura Económica, e incluido en Obra poética que lanzó hace unos años la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) en conjunto con Colmena editores.

Fuente dibujo: Internet.

_______________________________________

Melissa Campos (Los Mochis, Sinaloa 1994) es estudiante de Letras Hispánicas de la UNAM. Diseñadora digital en la editorial canadiense Exile Editions. Ha colaborado en la revista MilMesetas. Entre sus intereses está la narrativa, creación literaria y la moda.