Torsión hacia el infinito III / Inmanencias

“Movimiento de atraso persistente en los relojes de arena”, Henry Andrés Fernández Auscarriaga

“El firmamento mismo salta en pedazos y deja que la mirada se dirija al infinito”

Ernesto Bloch

 

La iridiscencia del presente

Habría que continuar la relación con/desde lo infinito desplazándose desde la acústica del recuerdo y el silencio y hacia la óptica de la alborada futura y los azulados tonos del ahora. Si en un primer momento se denuncia la glorificación del silencio como un intento de destrucción irracionalista de las estructuras fundamentales del fondo del ser (intento que, paradójicamente surge desde las profundidades del racionalismo ebrio de suficiencia), en un segundo momento habría que ir hacia la cuestión de la postergación del horizonte y la no-plenitud de los tonos previos al alba no-todavía-aquí. Para eso hay que imaginar el crepúsculo hacia adelante y dejar que la memoria guarde recuerdos de lo que está aún por acontecer. La inversión del sentido común puede resumirse en la paradójica fórmula: descubrir la profundidad de las alturas. Sentido contrario al puro éxtasis contemplativo de la región exquisita y pura del ser y su consustancial improductividad, la apuesta visual-cromática de abordaje de lo infinito requiere de lo iridiscente del hoy en que la posición del contenido subjetivo determina la proyección tonal.

Se dice contenido subjetivo y no sujeto para intentar evitar la des-estructuración posestructuralista en que se dislocan las formulaciones de lo presente-encarnado en la multitud de discursos de yoes no-idénticos y sin topología posible, la vaporización de las formas en la niebla de la diferencia es el recurso de la doctrina para la que decir “metafísica” es la forma última del ad hóminem. Se parte, al mismo tiempo, de la idea de que el contenido subjetivo es una carne y un verbo, un logos y un phoné, pero que, al mismo tiempo, es la brecha en que tanto redención como condenación se abisman en caída y proyección hacia lo oscuro. Entre la carne y el verbo se instala lo inconmensurable, la síntesis de la dialéctica cualitativa: allí donde no es posible identificar las mediaciones, donde los momentos son una única paradoja, se vivifica lo infinito por la ausencia, por la postergación de lo ya presente. Entre logos y phoné se encuentra el campo de lo todavía-no-significativo pero que en su prefiguración hace surgir una semántica espontánea de lo Pre-existente. Esa parte de lo in-consistente, esa sombra que se proyecta sobre la máxima región de lo vivible (las petites perceptions leibnizianas), es el garante de la lex continui de lo real-verificable.

El presente es ese desplazar de tonalidades desde el azul profundo del Weltschmerz hacia el grisáceo y putrefacto gris del tedio-soledad, es decir, ese cambio que (contenidos subjetivos, como carne y verbo, como logos y phoné) se revela desde lo actual hacia su propio amanecer aún-no-aquí. El presente se construye desde la perspectiva de la alborada. El filo penetrante que trasquila y siega la materia (el estigma de la finitud o la entropía ontologizada por todas las metafísicas del proceso y el desenvolvimiento de la sustancia), es la consecuencia de la mirada que se dirige al horizonte de lo por-venir; es así que la tristeza de lo terminado y la conclusión de lo ya-acontecido se manifiesta en la oscuridad de la pesadumbre y la angustia, pero se exaspera en la resolución destinal de la espera.

La ontología de la angustia muestra al ser inauténtico que se sabe perdido —viaja al fondo de su propio abismo— es cisterna contenedora cuya inundación jamás llega; pérdida su fuente se agota y corrompe en su propio tedio-prisión. El impulso orgánico del sentirse se tiñe de tonalidades pardas, la perentoria caducidad es su profecía, el anti-evangelio: aceptar la muerte en el practicismo, condena cósmica en la que no hay mayor salvación que un gozo de lo fatuo. La mirada aguda de quien proyecta un destino que se sabe ya posible y material sin recurrir al pasado, ha de estallar el firmamento, romper la barrera plomeada de la tormenta latente y disfrutar esa catástrofe como quien goza el incendió en que arderá su sí mismo.

| RM | Torsión hacia lo infinito | Inmanencias | @pathosytelos |

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