Si se le preguntara a Jorge Volpi qué opina sobre el proceso creativo de una novela, es muy seguro que respondería algo así: “El arte de la novela consiste en imaginar a otros que no son uno mismo pero que se vuelven parte de uno”. Así lo confesó en su presentación de la Trilogía del siglo XX publicada en una nueva edición en formato Debolsillo, bajo el sello de Penguin Random House.

Esta charla se dio dentro del marco de actividades culturales de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (del 23 de febrero al 6 de marzo de este año), donde Jorge Volpi (Cd. de México, 1968), quien se puede considerar como uno de los mejores escritores mexicanos actuales, habló sobre cada una de las novelas que componen esta trilogía, así como de sus propias concepciones literarias que dejaron entrever una noción sobre su poética como novelista.

Las extensas narraciones que conforman esta trilogía que le ha llevado casi diez años de trabajo son: En busca de Klingsor (1999), El fin de la locura (2003) y No será la tierra (2006). La primera, quizás la más conocida de las tres, En busca de Klingsor, novela con la cual ganó el Premio Biblioteca Breve, es todo un híbrido entre la literatura y la ciencia, unión que no fue gratuita puesto que Volpi declaró ser apasionado de la ciencia, sobre todo de la física, desde muy corta edad, afición que se refleja en este relato.

Su protagonista, Francis Bacon, es un científico estadounidense que es enviado en una misión a la Alemana nazi para encontrar la mente maestra de la ciencia que promueve el horror del Tercer Reich. En su búsqueda, lo auxilia Gustav Links, un matemático alemán. Bajo este panorama, el lector se inicia en una aventura donde la ciencia, la guerra y las explosivas vidas de los protagonistas se funden en un torbellino fascinante que cambia constantemente de narrador, espacio y tiempo bajo la impecable pluma de Volpi.

Al hablar sobre este libro, Volpi expresó que su intención primera era hacer un thriller pero con protagonista mexicano, el cual se llamaba Jorge Cantor, sin embargo, al ver que podría ser poco verosímil la idea de un científico mexicano como espía en Alemania, desechó este bosquejo. No obstante, lo que permaneció fue la calidad de thriller, esa atmósfera de suspenso que permea toda la lectura.

Su inspiración para concebir esta novela, que un principio no fue engendrada como una trilogía, la obtuvo después de leer una biografía de Werner Heisenberg, importante físico alemán del siglo XX, que hizo grandes aportaciones al campo de la teoría cuántica. Corría el año de 1996, en un impío invierno en Florencia, donde consiguió la biografía de Heisenberg, cuando se le vino la idea, que fue tan generosa que dio pie a otros dos libros más de no pocas páginas.

No obstante, se sabe que no todo es producto de la inspiración. Durante esta charla en la FIL, Volpi dijo haber estudiado e investigado como nunca para escribir esta trilogía, puesto que tanto la primera como la tercera novela oscilan sobre la delgada línea que divide la literatura y la historia, la separación entre lo ficticio y lo real.  También expresó que uno de sus objetivos con esta trilogía era llenar los vacíos que ni la historia ni la ciencia por razones objetivas pueden cubrir. Así estos huecos históricos quedan reservados para la literatura, reino de la ficción.

El autor pues, queda así como un escultor, que bajo el conducto de la imaginación, “rellena” aquellos hechos que nunca se dijeron en determinado momento histórico. Esto nos lleva a la segunda novela, El fin de la locura, que también se instala en ese medio entre verdad histórica y ficción. Ubicada dentro del apogeo del estructuralismo en París, el protagonista (ahora sí mexicano) el psicoanalista Aníbal Quevedo, se inscribe dentro de un mundo complejo donde desfilan varios de los personajes más importantes del mundo intelectual, entre ellos Roland Barthes, Michel Foucault, Louis Althusser y Jacques Lacan.

De la misma manera que la anterior, en esta novela también se mostrará un mosaico de voces narrativas, épocas y espacios, así como la inmersión no sólo del universo intelectual del siglo XX, sino también político, menciónese la particular aparición de Fidel Castro y el comandante Marcos. Dentro de la trilogía, los tintes satíricos y su estructura de comedia fueron el distintivo de esta novela, que Volpi declara como la más rara y breve de las tres.

Para finalizar, llega la tercera entrega, No será la tierra cuyo título original era Tiempo de cenizas hasta que el autor decidió adoptar como el definitivo el primer título, el cual venía en la edición francesa de la novela. Así pues, este libro se caracteriza por tener protagonistas femeninas, cinco mujeres que sufrirán su propia historia de manera paralela en distinto tiempo y espacio. Aunque lo anterior no será un impedimento para que las historias converjan y rocen en ciertos puntos. Cada una más compleja y oscura que la anterior.

Así, se ve pasar por las páginas a una joven poeta, hija de un doctor ruso que desarrolló armas biológicas, una bióloga igualmente rusa, una húngara que se dedica a la informática, una rubia que trabaja en el Fondo Monetario Internacional. Todas ellas nos conducen por importantes pasajes de la historia como la catástrofe de Chernóbil, la guerra fría, la desaparición de la URSS, la guerra de Afganistán, entre muchos otros.

Una novela que abarca grandes pedazos de historia mezclados con ciencia y política, ecos y rasgos que remiten a la primera novela, En busca de Klingsor, como si de una cinta de Moebius se tratara. De esta manera, Volpi busca consolidar lo que llaman “novela totalizante” que obedece al tipo de novela extensa, polifónica, compleja y abarcadora, tales como Crimen y Castigo o La montaña mágica, las cuales Volpi marca como dos de sus influencias más fuertes. No por nada, una pequeña observación que hizo su editor, las tres novelas tienen un inicio semejante, utilizando casi la misma frase.

De esta manera, la Trilogía del siglo XX de Volpi queda terminada y renovada este año en las ediciones Debolsillo, que cabe mencionar son definitivas, pues se pueden considerar ediciones de autor, ya que se corrigieron erratas y sufrieron ciertas modificaciones de contenido.

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Melissa Campos (Los Mochis, Sinaloa 1994) es estudiante de Letras Hispánicas de la UNAM. Diseñadora digital en la editorial canadiense Exile Editions. Ha colaborado en la revista MilMesetas. Entre sus intereses está la narrativa, creación literaria y la moda.