La cancha y el teatro. Arte y deporte.

balon

(Mex.) El primer mundial de fútbol en el continente africano ha terminado, y con ello no sólo surgen las reflexiones en torno al campeonato, sino también en torno a distintas problemáticas de Sudáfrica y del mundo. En lo que a nosotros respecta, nos parece importante reflexionar sobre el arte y el fútbol, específicamente sobre el espectáculo teatral y el espectáculo futbolero, pues pareciera que existen similitudes entre un evento y otro en cuanto a la dramatización en el escenario.

Un buen inicio es saber que el teatro basa gran parte de su existencia en el juego, en la colectividad, en la comunión de un público con un espectáculo viviente. Se va al teatro en compañía, o se busca la compañía en el lugar, aunque sea de desconocidos, es simplemente la necesidad de divertirse en común. En el teatro, en términos bastante mundanos, se busca cumplir la tarea de capturar la atención del público y retenerla por el tiempo necesario, mediante la presentanción de un drama bien estructurado y actuaciones creíbles, entre otros elementos.

En el teatro como en el fútbol, hay una triada obvia, actores, espectadores y un conflicto, un drama (jugadores, espectadores, balón). Hasta ahora, teatro y fútbol parecen tener los mismos ingredientes, pero veamos, pues, qué es aquello que los hace distintos.

Es muy simple: tanto los soldados como los juglares, los acróbatas, los toreros, los jinetes y los jugadores de fútbol en un estadio, no representan nada, es decir, ofrecen un espectáculo, sí, pero de ellos mismos; ofrecen al público una realidad. En cambio, los actores del teatro dramático ofrecen una ficción: representan otros personajes, ambientes, vicisitudes; en resumen, montan un espectáculo artístico, no meramente entretenedor.

Pero ¿qué hace tan popular al fútbol por encima del teatro, las artes en general y otras manifestaciones culturales? Ya lo expresó bien Juan Villoro en su escrito El arte y el fútbol: “En sus más simples fundamentos, el fútbol propone un regreso a las cavernas, donde las manos servían de muy poco (…)¿Qué significa este retroceso en el tiempo? Que el domingo podemos recuperar lo que aún tenemos de tribu encandilada por el fuego, del griego que confunde a los dioses con los mortales, del niño convencido de que los héroes duran 90 minutos.” Se trata, entonces, de un ambiente de comodidad donde el mismo espectador, aficionado, crea y recrea, donde vive su pasión, donde imagina y sueña.

Teatro no es sinónimo de fútbol. Pero hay quienes afirman que fútbol sí es sinónimo de teatro. Lo cierto es que en ambos espectáculos converge el público, la masa enardecida, la pasión por los actores, el drama y el llanto, la risa y el júbilo, la expectativa y la tensión. El show.

AM/RL

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