La gabardina

gabardina

 

Por Anabell Chavira

El sábado es un día  muy activo en el pueblo de Villa Milpa Alta, es día de tianguis, día en que todos los vecinos de la zona van al mercado a hacer sus compras en gran volumen: calabazas, carne de res, de conejo, de pollo, de cerdo; nopales, leche pura de vaca, cocoles, quesos y verdura fresca que las mujeres de la zona cortaron por la mañana. Pero en esta ocasión, la gente se veían inquieta y cuchicheaba sobre la inesperada muerte de dos hombres, a los cuales de un tajo les habían cortado los genitales.

Después de algunos días el cuchicheo empezó a crecer, ya habían visto al asesino: era un hombre muy alto y delgado, vestía gabardina y llevaba dos perros rott weiler encadenados, uno en cada mano.

Había matado a una familia completa, decía la gente, y a todos les había cortado los genitales y a las mujeres lo senos. Cundía el miedo, los pobladores compraban machetes y algunos preparaban sus rifles por si lo encontraban en el camino.

Pasaron dos o tres días y ya había atacado a un comerciante, comentaban que muy de mañana. Un grupo de muchachos aseguraba, que lo habían visto por el barrio de Santa Cruz casi cerca del panteón, y que lo habían apedreado; algunos hasta aseguraban que ya le habían matado a uno de sus perros.

La incertidumbre creció durante tres semanas, eran ya muchas muertes, pero la realidad es que nadie sabía nada de los velorios o las misas de aquellos difuntos. Mas algunos aseguraban que ya lo habían “venadeado”, y que le habían matado al otro perro. Otros aseguraban que ya caminaba solo entre el caserío de la Gran Milpa.

Un día, los vecinos de San Pedro Atocpan aseguraron que ahí lo habían matado. Que le habían dado su merecido y que había fallecido el hombre de la gabardina.

La realidad es que así como apareció desapareció. Se había esfumado. Llevándose con él, el cuerpo y alma de los difuntos, ya que en el forense y en protección civil, no vieron más que un par de cadáveres durante las semanas que aquel extraño deambuló por las calles momoxcas. A pesar de eso, los pobladores quedaron preparados para alguna guerra, ya que la compra de machetes, alarmas y otros elementos de seguridad fue en esos días muy socorrida.

La modernidad y sus estragos, las crisis y el miedo, todo lo que esto trae como consecuencia, llevan a un pueblo a sublimarse en estas historias. El estrés que provoca el pensar en las crisis y los cambios que traerán hambre, quizá lleve a los momoxcas a hablar de que alguien le quitaba los senos a sus mujeres, lo que amamanta, lo que da de comer, o afectar la masculinidad, la facultad para ser productivo para una familia, el verse aplastados por la inseguridad y la escasez.

La realidad es que este hombre de la gabardina y sus dos perros globalizadores, caminaron de la mano con las historias de los portentos que surcan el cielo milpaltense. Estos seres convivieron por unos cuantos días, con sus nahuales, sus brujas y sus señores de los cerros, en el imaginario de la comunidad. 

["La gabardina" es una narración que será incluido en el libro De brujas, nahuales y serpientes , que Anabell Chavira publicará en fechas próximas]

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