La música en bicicleta: entrevista con Horacio Franco

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Horacio Franco

Colores vistosos y prendas poco convencionales lo distinguen en los escenarios, pero su mayor sello distintivo es la manera virtuosa en que toca la flauta. Admira especialmente a Bach, aunque decidió que quería dedicarse a la música después de escuchar a Mozart. Advierte que no piensa retirarse nunca de la música y que si dejara de tocar se dedicaría a dar clases y a dirigir. La música para él es un acto de amor, aquél que él mismo profesa y practica: sin fronteras sociales ni sexuales. Admite, también, que el odio es igual de intenso que el amor y que la diferencia entre ambos es lo que se crea con ellos.

Horacio Franco es uno de los músicos clásicos más exitosos en México y un amplio reconocimiento internacional lo respalda. Ejecuta indistintamente música antigua como folklórica, contemporánea y popular. Con su imagen que el mismo denomina de “estrella pop” se ha ganado el reconocimiento del público de diversos sectores de la sociedad. Y ha transformado la visión hacia la flauta, instrumento visto generalmente como “escolar”, para que se considere un instrumento profesional y creativo.

Además de su trabajo musical es un hombre comprometido con la realidad social, tanto en México como en el extranjero. Ha apoyado diversos proyectos educativos y en beneficio de los sectores más vulnerables.

Nos recibe en sus oficinas en la Ciudad de México. Alrededor de nosotros las paredes están cubiertas de pinturas contemporáneas y a unos pasos un clavicordio ocupa el centro de la habitación. Responde a todas las preguntas con seguridad y amabilidad como si cuando hablara de música se sintiera paseando en bicicleta en un mundo donde ser uno mismo es lo único importante.

¿Por qué música?

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Ralg: ¿Por qué decidiste estudiar música? ¿Fue un proceso sencillo?
HF: No fue difícil pero tampoco fue fácil, descubrí la música en la secundaria. Un día en la clase de música el maestro nos llamó para que escucháramos cómo tocaba el piano una chica y yo me enamoré perdidamente de lo que oí: Mozart. Yo nunca había escuchado música clásica tan cerca. Ahí fue cuando decidí, a los once años, que mi vida sería la música. No fue fácil porque mis padres no habían tenido una instrucción musical ni siquiera habían terminado la educación básica y por eso se les hacía muy difícil ver que la música era una profesión seria, decente (risas), seria y loable.

A mis padres les preocupaba que no fuera a encontrar trabajo y que me fuera a morir de hambre, cuestión que no es cierta. En cualquier profesión si eres sobresaliente te va a ir bien.

Ralg: ¿Qué se necesita para ser un músico sobresaliente?
HF: En primer lugar hay que tener cualidades genéticas adecuadas que te permitan desarrollar un trabajo musical. Si no se tiene esta facilidad genética va a ser muy difícil que alguien pueda sobresalir en la música. Hay una predisposición para las artes, para los deportes, para las ciencias. Estas predisposiciones las tenemos en mayor o menor grado, y es muy importante que la gente detecte para qué tiene mayor talento. Lamentablemente en este país no se detectan los talentos a tiempo para ponerlos a trabajar. Esto se conjunta con una muy mala orientación vocacional que no ayuda a que se comprendan las profesiones, no sólo por los jóvenes, sino por los padres. Después de esta genética que favorezca el trabajo musical es muy importante la educación y el trabajo personal. En mi caso una de las mayores oportunidades que tuve fue viajar a Ámsterdam.

Ralg: ¿Qué pasó en Ámsterdam?
HF: Allí estudié, allí descubrí el mundo. Me fui cuando tenía 17años. En Ámsterdam encontré una escuela, la mejor del mundo, mi libertad, otro tipo de vida y a mi primera pareja. Me tocó una Holanda muy respetuosa que daba muchas libertades a los extranjeros y para las diversidades.

Ralg: ¿Para estudiar allá te dieron una beca?
HF: No, porque las becas se las daban sólo a los recomendados . No había CONACULTA ni FONCA, estoy hablando de 1981. Yo pude ir a estudiar porque gané un premio de la Enciclopedia Británica por un artículo que escribí, además, yo había trabajado un año como maestro en el Conservatorio y en la Escuela Superior de Música y con todos esos ahorros me fui. Después regresé a México.

Ralg: ¿Qué encontraste a tu regreso? ¿Cómo está la música en México?
HF: Me di cuenta que aquí la música está muy bien en el papel, pero está muy mal en la práctica. Una cosa que favorece a la música clásica en México es que hay mucho público joven y hay muchas oportunidades de que los músicos se desarrollen profesionalmente. Es un país muy grande, teóricamente está todo dado para que la música y las cosas avancen maravillosamente.

Es un país que podría marchar muy bien, pero no lo hace porque no hay una voluntad política, social o económica para que funcione bien. A veces México aparenta estar bien pero las deficiencias y carencias en educación todavía son muy grandes. La contracorriente de la iglesia católica, los medios masivos de comunicación, la televisión comercial, los sindicatos corruptos, los partidos políticos no dejan avanzar al país. Por supuesto que hay gente brillante en la iglesia, en los partidos, los medios o en los sindicatos pero todavía queda mucho por hacer.

Aquí, desafortunadamente, se han producido artistas que son analfabetos musicales. Son simples productos que no tienen idea de cómo se escribe la música. El único fin es que vendan y que los admire la gente. Son simples ídolos de barro. Eso es muy desgastante para los músicos profesionales. Al principio yo trataba de luchar contra ello, pero ahora sólo siento vergüenza ajena.

Ralg: ¿Por qué te quedaste en México y no continuaste una carrera en Europa?
HF: No tiene caso irte a otro lado donde serás un extranjero. En otro lugar ya descubrieron muchas cosas y ya no hay capacidad de asombro. México es mi país, es donde nací y sé que tiene la posibilidad de crecer y de cambiar. A veces pienso que tiene que ocurrir una gran catástrofe para que nos demos cuenta el descuido que han hecho los políticos y los ciudadanos de este país. Tenemos una relación desastrosa con México. En este país puedo llegar a mucha más gente que en Europa y en Estados Unidos porque aquí hay gente que necesita conocer cosas que no ha probado. He estado en todo el mundo tocando siempre me acuerdo del público mexicano.

Nueva imagen para los músicos

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Ralg: Entonces ¿ves la música como una aportación social? ¿La música es de izquierda?
HF: No. Izquierda y derecha son conceptos que yo no utilizo. Ambos: la izquierda y la derecha han decepcionado a mucha gente en México. Además hay que reconocer que tanto la derecha como la izquierda tienen gente muy brillante.

Los músicos en un momento dado nos hemos desarrollado en contextos sociales y económicos distintos. En el siglo XVIII éramos sirvientes de una capilla o de un obispo, o protegidos de un príncipe o de un rey. Con la emancipación de los músicos a partir de Beethoven y la revolución francesa, se comenzó a gestar la idea del músico independiente que autogestiona su carrera. Sin embargo los músicos siempre han necesitado apoyo económico de alguna institución o persona, incluso en la actualidad. Esto es porque los músicos no producimos un objeto que se venda. Los discos obviamente se venden, pero aún así, para sacar un disco a la venta se tienen que hacer una serie de enlaces económicos que hacen que la música clásica no sea un gran negocio.

En la actualidad los músicos tienen una gran pluralidad política, tanto de izquierda como de derecha o de centro. Sin embargo creo que los músicos de derecha son sólo aquellos que son muy conservadores o que no se asumen como libre pensadores.

Ralg: En tu página pones mucho énfasis en que tienes una imagen de estrella pop más que de un músico tradicional. ¿Por qué elegiste esa imagen?
HF: Porque la imagen de los músicos clásicos es muy vieja y muy gastada. Sin embargo, no estoy en contra de la imagen de los músicos sino más bien de que olviden que son parte de un espectáculo visual a la vez que auditivo. Los músicos siguen vistiendo igual que como vestían en los conciertos del siglo XIX, y además de ello olvidan frecuentemente que el público también está ahí para ver la presencia que tienen en el escenario.

En mi caso la imagen de músico del XIX no me gusta y no me hace sentir como yo mismo. Por eso yo toco con lo que quiero tocar y rompo con la imagen tradicional para ser un músico del siglo XX o XXI.

Ralg: ¿Esta nueva imagen que propones te ha traído alguna clase de discriminación?
HF: A veces al público o a los músicos se les hace rara mi imagen cuando me ven por primera vez, pero cuando me oyen tocar ya no dicen nada. Finalmente lo que hago es tocar. Discriminado nunca me he sentido, la única ocasión que sufrí alguna clase de discriminación fue en un autobús en Ámsterdam pero la mujer que hizo un comentario acerca de que yo era extranjero fue inmediatamente interpelada por la demás gente. Mi vestimenta es una manera de seguir mis principios y mi honradez hacia mis creencias. Si a alguien no le parece mi vestimenta no es algo que me afecte.

Detalles de vida

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Ralg: ¿A qué te dedicas además de la música?
HF: Pues hago mucho ejercicio, me dedico a leer. Mi vida social es limitada porque tengo mucho trabajo y responsabilidades. Hago psicoanálisis de unos meses para acá, cuestión que me divierte mucho. Tengo una vida tranquila no soy de salidas en la noche, ni voy a antros.

Drusila: ¿Practicas otras artes?
HF: No. Quisiera pero no puedo. Me gusta la interdisciplina y me han invitado a hacer teatro. No he aceptado porque no quiero hacer algo para lo que no he tenido una preparación. Si actuara o pintara me gustaría hacerlo muy bien y no de manera improvisada.

Ralg: ¿Qué haces antes y después de un concierto? ¿Tienes alguna clase de ritual o procedimiento?
HF: No, no soy supersticioso. Sólo espero a que llegue el momento del concierto. Pero no me gusta que la espera sea muy larga. Llego al lugar de una a tres horas antes, dependiendo lo que se vaya a hacer. Después del concierto platico con el público y firmo autógrafos. Estar con el público es para mí un deber.

Ralg: ¿Qué te pone triste?
HF: La injusticia, la prepotencia y el valor y poder desmedido que se le da al dinero en el mundo.

Ralg: ¿Tu mejor y tu peor concierto?
HF: El mejor concierto es el que esté dando en ese momento y el peor es el que se cancela.

Ralg: ¿Te gusta ser famoso?
HF: Yo no sé si soy tan famoso, pero es padre que la gente te reconozca por hacer música y algo bello. Poder hacer que la música llegue al corazón y al ánimo de la gente me mantiene feliz. Mi carrera no es un negocio porque me dedico a dar lo mejor de mí y a llevar a la gente música que no le van a poner en la televisión ni en ningún otro lugar.

Ralg: ¿Qué es lo que más te gusta tocar?
HF: Tengo una predilección enorme por Bach, por Vivaldi y los Beatles, también por la música contemporánea. Depende del ánimo en que me encuentre.

Ralg: ¿Cómo eres como maestro?
HF: Me encanta dar clase, soy muy exigente y cuidadoso. Me gusta saber cuáles son los problemas de mis alumnos y cuál es la metodología que más le conviene. El gran problema de los alumnos de música en México es que muchas veces carecen de metodología. Hace mucho que no doy clase de flauta, doy clase de canto o de interpretación de música de cámara, y me doy cuenta de las carencias de los alumnos. En Europa los alumnos estudian porque tienen que entrar a una competencia muy dura, muy fuerte, aquí la competencia no es tan difícil pero hace falta que se aplique adecuadamente la enseñanza musical.

Ralg: ¿Cómo se debe uno acercar a la música?
HF: Escuchando de todo. Música de cualquier época y lugar. La música nos hace sensibles, desde la clásica hasta el son jarocho, la música japonesa o las canciones de Silvio Rodríguez.

Ralg: ¿Dios?
HF: Es un invento muy bonito del ser humano. Es bueno pero te castiga, es bondadoso y celoso. Todo lo que queremos ordenar en el mundo se lo atribuimos a Dios. Está bien, pero hay que tomar en cuenta que también puede ser un elemento de control. Prefiero creer en el ser humano, en la naturaleza. Creo en la vida y en la capacidad de las personas por cambiar el mundo.

Terminan las preguntas pero seguimos platicando, la entrevista se ha convertido un paseo relajado. Comenta que desde hace 8 años no ve televisión y que eso lo ha beneficiado enormemente. Cuenta que ensaya todos los días y que pocas veces le da tiempo de tomar vacaciones. Habla de Bach como el músico que más admira y nos señala que no teme a la muerte, aunque si le teme al sufrimiento antes de morir.

Finalmente nos platica sus próximos planes y los viajes que realizará a Japón, Estados Unidos, Indonesia y a varios países de África. Después nos despedimos y él se prepara para un paseo en bicicleta, uno de tantos paseos que seguramente son parte del secreto de su indudable talento.52 años y ha publicado novelas, cuentos, obras de teatro y ensayos. Ha recibido
numerosos premios, entre ellos el premio “Xavier Villaurrutia” en 1998, el premio
“Herralde” de novela en 2004 y el premio “Antonine Artaud “en 2008. Sin embargo,
como él mismo afirma, los premios son “accidentes felices” que uno agradece pero que
no son certificados de calidad ni de inmortalidad. Sus publicaciones han sido traducidas
a italiano, francés, inglés, alemán y serbio.
Juan Villoro estudió sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana,
entre 1977 y 1981 condujo un programa en Radio Educación titulado “El lado oscuro de
la luna”, hasta que fue nombrado agregado cultural en la Embajada de México en Berlín
Oriental, donde viviría hasta 1984. Además de su labor profesional como escritor, se ha
desempeñado como profesor invitado en la Universidad Nacional Autónoma de México,
en la Universidad de Yale, la de Boston y la Universidad Pompeu Fabra.
En 1999 fue nombrado duque de Nochevieja en el reino imaginario de Redonda,
que gobierna el escritor Javier Marías.
Es alto, con tono afable y habla de las cosas como si todas fueran dignas de
reflexionarse y tomarse en serio. Para iniciar la entrevista le pido que firme algunos
libros y le pregunto acerca de su padre, el filósofo mexicano Luis Villoro.Los cuentos no quieren ser contados”
Entrevista con Juan Villoro
Rogelio Laguna
www.escrutinio.com.mx
Tiene 52 años y ha publicado novelas, cuentos, obras de teatro y ensayos. Ha recibido
numerosos premios, entre ellos el premio “Xavier Villaurrutia” en 1998, el premio
“Herralde” de novela en 2004 y el premio “Antonine Artaud “en 2008. Sin embargo,
como él mismo afirma, los premios son “accidentes felices” que uno agradece pero que
no son certificados de calidad ni de inmortalidad. Sus publicaciones han sido traducidas
a italiano, francés, inglés, alemán y serbio.
Juan Villoro estudió sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana,
entre 1977 y 1981 condujo un programa en Radio Educación titulado “El lado oscuro de
la luna”, hasta que fue nombrado agregado cultural en la Embajada de México en Berlín
Oriental, donde viviría hasta 1984. Además de su labor profesional como escritor, se ha
desempeñado como profesor invitado en la Universidad Nacional Autónoma de México,
en la Universidad de Yale, la de Boston y la Universidad Pompeu Fabra.
En 1999 fue nombrado duque de Nochevieja en el reino imaginario de Redonda,
que gobierna el escritor Javier Marías.
Es alto, con tono afable y habla de las cosas como si todas fueran dignas de
reflexionarse y tomarse en serio. Para iniciar la entrevista le pido que firme algunos
libros y le pregunto acerca de su padre, el filósofo mexicano Luis Villoro.
Ralg: ¿De qué manera te afectó o te ayudó ser hijo de un filósofo tan reconocido como
Luis Villoro“Los cuentos no quieren ser contados”
Entrevista con Juan Villoro
Rogelio Laguna
www.escrutinio.com.mx
Tiene 52 años y ha publicado novelas, cuentos, obras de teatro y ensayos. Ha recibido
numerosos premios, entre ellos el premio “Xavier Villaurrutia” en 1998, el premio
“Herralde” de novela en 2004 y el premio “Antonine Artaud “en 2008. Sin embargo,
como él mismo afirma, los premios son “accidentes felices” que uno agradece pero que
no son certificados de calidad ni de inmortalidad. Sus publicaciones han sido traducidas
a italiano, francés, inglés, alemán y serbio.
Juan Villoro estudió sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana,
entre 1977 y 1981 condujo un programa en Radio Educación titulado “El lado oscuro de
la luna”, hasta que fue nombrado agregado cultural en la Embajada de México en Berlín
Oriental, donde viviría hasta 1984. Además de su labor profesional como escritor, se ha
desempeñado como profesor invitado en la Universidad Nacional Autónoma de México,
en la Universidad de Yale, la de Boston y la Universidad Pompeu Fabra.
En 1999 fue nombrado duque de Nochevieja en el reino imaginario de Redonda,
que gobierna el escritor Javier Marías.
Es alto, con tono afable y habla de las cosas como si todas fueran dignas de
reflexionarse y tomarse en serio. Para iniciar la entrevista le pido que firme algunos
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Luis Villoro?

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