La otra mujer zurda.

PortadaRocio(Mex)“Las palabras cayeron/ como el azul cayó/ de un cielo siempre desconocido”. La poesía y la prosa de Rocío García Rey están plasmadas en La otra mujer zurda. Bajo la editorial Verso Destierro, este libro contiene poemas creados en los auspicios de la década de los 90; así como relatos generados del 2005 al 2010.

La escritora y docente de la Máxima Casa de estudios, la UNAM,  comenzó a escribir desde joven. El mar, el bosque, la noche y la soledad, colorean los poemas que se abren paso al inicio del libro. La influencia de los clásicos construye la intertextualidad que hace ser a la literatura. Hansel y Gretel, Van Gogh, Ulises, Alicia o Rubens se mezclan con las “ciudad-es”, con sus huellas: la nostalgia, la lluvia y la palabra.

En los poemas, la ciudad imaginaria se hace de recuerdos como “ciudad pintada de lunas-ámbar”. No obstante, la tangible, cada día se moldea más gris y decadente, cual “metrópoli de la barbarie”. García Rey exhorta con la palabra a mirar esa ciudad, esa “orquesta de muertes clandestinas”, y a cambiarla. Hacer de de ella una locura colectiva.

Los colores del drama germinan en los relatos. “La otra mujer zurda”, cuyo título le da nombre a la publicación, abre este apartado. El relato de García Rey toma como eje la historia de una adolescente que deseaba fervientemente ver la película La mujer zurda que fue filmada en 1979 por Peter Handke. Sin embargo, nunca la vio. Termina siendo una mujer zurda de tinte político más que una Edith Clever.

“Clementina Otero” es un cuento que inserta al lector en un recuerdo ficticio de la lucha revolucionaria latinoamericana. A partir de la fotografía monocromo de la actriz, amante de Owen, muestra un juego entre la locura, la inverosimilitud y la historia ocre de la participación de la mujer en las transformaciones sociales. La Clementina Otero, la Lloruba, la Sara Taboada son una sola —en “la loca de la revolución”— y todas distintas;  mutan, se reconstruyen y se reinventan de diferentes tiempos en uno mismo.

“No me hice responsable de mi historia porque eso equivalía a llevar para siempre la marca de la derrota… cuaderno como nube en mano, podré atreverme a completar la escritura de mi historia para retornar así al vientre de mi madre”, explicaba “la loca de la revolución”.  

El otro hijo del vampiro es una historia de tres personajes, Julio, su hijo Federico y Murna. Ésta conoce al viejo Julio a través de un anuncio en la red. La lluvia con granizo, el frío y la oscuridad anunciaron la pesada presencia —que sin miedo acepto Murna— del hijo del vampiro.

En “Lontananza”, la autora se vuelve personaje involuntario de sus obras. Cada verbo y cada adjetivo tejen un punto de su silueta. Se la lee fuera del cuadro de imágenes y dentro, en algunos casos es la otra mujer zurda, en otros, se torna la protagonista.

En el libro, “hay una mujer que vierte su nostalgia/ en cualquier oficina gris/ y en cualquier calle sin ventanas/ hay una ciudad y hay una mujer/ que no se atreven a repasar su historia”.

El libro está en venta en Conceptos Librería, en Puebla 51, en la Colonia Roma.

RL

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