Las tormentosas historias de Ana García Bergua

 

Hay una especie de limbo entre la realidad y el sueño que al menos todos hemos experimentado en alguna ocasión, un lapso de tiempo perdido entre una alucinación y el presente, entre un suceso olvidado y lo que se recuerda, entre la propia versión de la historia y la de los demás, un espacio que parece una gran tormenta de confusión, dudas y desamparo, lugar en el que aterrizan la mayoría de los relatos de Ana García Bergua (Ciudad de México, 1960) en su más reciente libro: La tormenta hindú y otras historias, publicado en el 2015 por Textofilia.

 

Ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela La bomba de San José, García Bergua goza de una bibliografía en crecimiento que oscila entre la novela y los relatos cortos. También ha fungido como ensayista y traductora además de llevar una vida cultural activa, por lo que es frecuente encontrarla en festivales, pláticas y coloquios literarios.

 

Así, García Bergua se ha posicionado como una voz importante de la literatura mexicana actual. En La tormenta… desfilan ante el lector 22 cuentos de corte temático tan distinto entre ellos pero de una narrativa impecable en cada uno. El libro inicia con “No sé qué hago aquí”, donde presenta cómo piensa una persona con la enfermedad de Alzheimer, un enlace idóneo para poner en jaque la delgada trinchera entre lo real y lo imaginario.

 

Siguiendo esta línea, los cuentos siguientes, “Despertar” y “El abrazo del oso”, exploran mundos que al parecer son paralelos al nuestro. En el primero, una mujer despierta en una carretera creyendo que sólo ha pasado una noche, pero al llegar a casa descubre que esa noche han sido 15 años. En el segundo, un escritor se ve agobiado por la historia que un viejo compañero de escuela le ha contado y confunde en su escritura los detalles de esa historia con lo que su imaginación crea, dando todo por inédito.

 

De esta manera, en ninguno de los dos relatos se sabe a ciencia cierta en dónde están situados los personajes, y es precisamente ese dejo de extrañeza lo que vuelve a los relatos tan atractivos. Bajo este mismo ambiente, en “Las almohadas del doctor Nijinsky”, un matrimonio se pelea por las almohadas a la hora de dormir. El problema tan cotidiano se vuelve extraño al saber que ambos se dedican a la psicología y prueban todas las soluciones que sus estudios les permiten. En “Asuntos Generales” la eterna enamorada del jefe hace su aparición, aunque la relación laboral entre ambos se ve afectada por una distorsión de la realidad. Por último, en “La capilla sixtina”, un aspirante a escritor sorprende a su taller con sus historias producto de una de las más obsesivas enfermedades mentales.

 

Así pues, en estos relatos se aprecia todo tipo de confusiones sobre lo que es real y lo imaginario, límites difusos que no llegan a delimitarse, pues los personajes habitan ese limbo de demencia que llega a perturbar e incluso provocar que los otros a su alrededor se cuestionen sobre su propia realidad.

 

En “El tío de Nueva York”, unos niños dan por sentado lo que escuchan acerca de su familia y lo integran de manera verídica en su existencia, lo que hace patente que la inocencia de la infancia puede ser como una especie de engaño de la vida. En “No sabes quién soy” y “Don Fulvio y las máquinas” nos despegamos de la tierna edad para aterrizar en los días seniles, donde el engaño se usa para proteger a los ancianos a punto de morir o para encontrar un descanso en el asilo.

 

No obstante, en el libro también podemos destacar otra serie de cuentos en los que sucede algo contrario: aquí los protagonistas son los únicos que saben la verdad, la cual guardan como un secreto, ya sea para protegerse de los prejuicios y odio de la sociedad como en “Visita a las chicas”, o para no sufrir la pesada carga de conciencia de ser un corrupto como en “El notario”.

 

Lo mismo sucede para no sufrir el tan temido desengaño amoroso, sobre todo si la edad es un gran impedimento como en “La carta”, o simplemente mentir para disfrutar de unas buenas sesiones de sexo como en “La tormenta hindú”, cuento que da título al libro y el cual resulta tan memorable como fantástico en anécdota y lenguaje. Este último es, sin duda, uno de los mejor logrados de la obra.

 

Así, el lector pasa las hojas entre personajes tan variados como complejos: estudiantes de letras, ancianos, madres, políticos, abuelos, escritores, ladrones, psicólogos, bailarines, ganadores de lotería, etc; todos desencajados de su presente, confundidos entre lo que deben, lo que pueden y lo que piensan hacer en un mundo que tiene como última preocupación ser congruente. Ahí se instalan con maestría los relatos de García Bergua, esperando ser leídos ávidamente por cualquier lector.

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Melissa Campos (Los Mochis, Sinaloa 1994) es estudiante de Letras Hispánicas de la UNAM. Diseñadora digital en la editorial canadiense Exile Editions. Ha colaborado en la revista MilMesetas. Entre sus intereses está la narrativa, creación literaria y la moda.

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