Los gladiadores de Arthur Koestler

En los anales de la historia, Espartaco es una figura libertaria. Cabecilla de la llamada rebelión de los esclavos o de los gladiadores, se le relaciona con un ideal revolucionario, insurrecto y librepensador incluso. Tanto en cine como en literatura se recurre con frecuencia al héroe tracio; su hazaña y personaje son exprimidos una y otra vez en distintas manifestaciones artísticas, con un tratamiento muy similar. La novela de Howard Fast, de la cual se sirvió Kubrick para su largometraje, o la reciente adaptación televisiva son dos claros ejemplos. Arthur Koestler, sin embargo, retoma la historia del gladiador sublevado de una forma bien particular.

Antes de ahondar en ello, es pertinente una breve introducción a la figura no menos particular de Koestler como hombre de letras. Nació en el entonces imperio austrohúngaro en 1905, de modo que tenía como lenguas maternas el húngaro y el alemán, en las que se desplazaba indistintamente para sus primeros trabajos. The Gladiators (1939) es su primera novela, y aunque haya sido escrita originalmente en alemán, fue publicada por primera vez en una traducción inglesa. Debido a que el manuscrito original se perdió, a partir de esa primera edición se hizo una traducción casi retroactiva al alemán. Así, el texto más cercano al original es esa primera traducción de Edith Simon revisada además por el autor. Tras su exilio en Inglaterra, Koestler adoptaría el inglés como su lengua literaria, así que a pesar de la pérdida del manuscrito, The Gladiators se inscribe con naturalidad al resto de su obra literaria.

En la mayor parte de la novela conviven en equilibro el relato histórico bien documentado con una pluma sorprendente y rica en recursos. Los hechos son asimilados y reelaborados por la experimentada mano de Koestler para que estén supeditados a la coherencia interna de la novela y no al revés. De esta manera, la incipiente rigurosidad histórica es paulatinamente desplazada para que se cumpla el objetivo central del texto: hacer una revisión parabólica del estalinismo a través del relato de la rebelión de Espartaco.

Koestler es tan sutil en este sentido que no devela su intención sino hasta el último tercio del libro, cuando después de relatar los primeros pasos de la rebelión, las batallas contra los pretores Claudio Glabro y Marco Craso y el aterrador paso de la horda de esclavos por distintas provincias romanas, Koestler se desapega de la exactitud histórica y desarrolla los capítulos que hacen referencia a la instauración del llamado Sun State.

En resumen, se trata de una ciudad, conformada por esclavos insurrectos, que busca sustentarse a sí misma. A cada quien le es asignada una tarea acorde a sus capacidades, la propiedad privada es erradicada, las raciones se reparten por igual y cada individuo contribuye horizontalmente al crecimiento de la ciudad. No hay palabra más precisa que soviet para definir a esta ciudad ficticia.

Los esclavos sustituyen el trabajo en favor de sus señores con el trabajo por el beneficio propio. Sin embargo, es en este punto donde se origina una de las primeras críticas de Koestler, ya que a pesar de que el planteamiento del trabajo opera de forma radicalmente distinta, muchos de los antiguos esclavos no perciben un cambio significativo en su condición. Están condenados a un trabajo del que no son beneficiarios directos, y las represalias por no llevarlo a cabo eficazmente pueden ser atroces. Espartaco sufre una transformación terrible a lo largo de la novela, poco a poco se transforma en aquello con lo que luchó con ardor y entrega. El héroe que representaba la libertad pronto es un referente de tiranía. Buena parte de la obra está destinada a las reflexiones de Espartaco con respecto al éxito de su proyecto, así como al choque de ideas que tiene con Crixo, otra figura real de la rebelión de los esclavos, un gladiador galo que comandó una de las huestes más importantes del movimiento,  que es matizada en función de la revisión y la crítica de Koestler.

Espartaco y Crixo no son más que personajes apologéticos de Stalin y Trotsky. La maravilla es que la construcción de estas parábolas es tan equilibrada, que funcionan tanto en el relato histórico inicial, como en la invención final sin que la doble dimensión de los personajes pierda fuerza. Tampoco puede hablarse de que se complementen, pero sí conviven de manera natural enriqueciendo exponencialmente las lecturas que permite la novela.

Al final, la intención de The Gladiators es la reflexión de una contradicción que preocupa mucho a Arthur Koestler: la instauración de un sistema cuyo supuesto fin último es garantizar el bienestar de los individuos a costa de esos mismos individuos. Aunque la individualidad sea el punto de partida forzoso para pensar con una creciente amplitud en la colectividad y en los procesos históricos que condicionan la vida de los hombres, Koestler no concibe que dentro de esa búsqueda se justifique el sacrificio de los individuos en nombre de una causa mayor. Esta idea explica en buena medida su exilio y la ruptura con el estalinismo en el que militó y conoció a profundidad.

The Gladiators forma parte de una trilogía que aborda escenarios similares donde un ideal, que tiene como base puras contradicciones, falla. El resto de la trilogía la conforman Darkness at Noon, probablemente el trabajo más conocido de Koestler, que relata la historia de un bolchevique que es aprisionado durante la Gran Purga, y Arrival an Departure.

© Estatua de Espartaco en el Museo del Louvre por Denis Foyatier.

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