Los infiernos del Bosco

Tríptico El Jardín de las Delicias. El Bosco. 1503-1505. Óleo sobre tabla. Museo del Prado. Madrid. España.

Tríptico El Jardín de las Delicias. El Bosco. 1503-1505. Óleo sobre tabla. Museo del Prado. Madrid. España.

ENRIQUE RAMÍREZ G.  |

¿Cómo sería un infierno en pleno siglo digital? Parece que ha perdido su sentido un poco. Sin embargo, a los incautos y a los niños todavía se les engaña con dicha fórmula y hay otros que ven infiernos en lo que les rodea, no necesariamente tangibles, sino en la mente. Para los materialistas el infierno es el cerebro-cuerpo.

Uno de los infiernos que más me ha impresionado es el tramado por Malcolm Lorwry, en bajo el volcán. El personaje del cónsul, Geoffrey, en el capítulo siete, establece una alegoría con el día de descanso del supuesto dios Judeo-cristiano. Para el cónsul no hay descanso, observa un cuadro de un infierno y a la vez se siente en uno mismo. Al entrar a la casa de su examigo y examante de su esposa, cae en sus pensamientos y en una parte lee: “¿LE GUSTA ESTE JARDÍN?”, alegoría también del edén, infierno de la mente y oquedades existenciales, sin esperanzas a una redención cristiana.

Otros de los infiernos literarios son los de Dante, la Odisea, el Ulises de Joyce, el fausto de Goethe, etc. En la pintura  de la edad media evangelizadora hay bastantes infiernos pero hay uno que me llama demasiado la atención. Los del Hieronymus Bosch (conocido como el Bosco) son muy famosos. Sobre todo el Tríptico de El jardín de las delicias, pero hay otros panales como: El juicio Final, La tentación de San Antonio y Paraíso e infierno, aunque sólo nos centraremos en uno, que es impresionante: El del jardín de las delicias.

En cuanto a los elementos formales utiliza como técnica de los materiales, óleo sobre panel de madera preparada, la paleta para el panel del infierno utiliza colores térreos, usando el negro como eje de dramatismo. En primer plano utiliza los colores más suaves para darle sentido de proximidad, los hombres son flagelados por una especie de demonios con partes de animales.

En segundo plano los colores son un poco más parcos. El tercer plano da sentido de profundidad por lo oscuro de la paleta planteada. Hay bastantes alegorías de los sentidos, el cuerpo como medio de caer en el pecado, de alguna forma hay sufrimiento pero no es tan dramático, pareciera que los personajes del cuadro disfrutaran estar en una especie de sueño.

Yo diría que es necesario caer en los abismos del Bosco para entender un poco de nosotros. La humanidad ha soñado con tantos infiernos, los vive día a día, que sería demasiado tener otro más, si es que hay otra vida después de la muerte.

Para nuestros tiempos el artista debería de volver a plasmar sus propios infiernos, ya sin un dios. Ahora el hombre por el hombre hace su propio infierno o baja a él. Como diría Salvador Elizondo:

“He pensado en los orígenes de la poesía. Están vagamente ilustrados en el mito de Orfeo. El temple de la lira se obtiene en el infierno, en la muerte. Ese tono obtenido sirve para que el canto se cante a sí mismo, para que su signo y su significado sean una misma cosa”.

RMM|ERG|

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