Morir en blanco y negro / Luz negra

Negro y blanco, luz y sombra, escala de grises. Graciela Sánchez Silva, periodista y fotógrafa, estudiosa

de la dinámica evolutiva del obturador, ha preparado para Revista MilMesetas un compilado de textos

que divagarán (cada viernes) sobre la trascendencia de algunas fotografías en la historia de tan

apasionante y alquímica disciplina. Bienvenidos sean, pues, a este brillo de Luz negra.

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“Noire et blanche” | Man Ray

Considerada por varios años como la fotografía más cara de la historia, “Noire et blanche” (1926) de Man Ray no fue comprada en la subasta más grande del vanguardista, realizada el mes pasado en Barcelona. Imagen icónica del artista plástico, el encuadre muestra a una mujer que sostiene en la mano una figura tallada en madera.

El color de la máscara contrasta con el rostro femenino por su color y posición. El fondo neutro y el foco —que se limita a dar nitidez a ambas facciones— revelan una imagen abstracta en la que tienen igual peso el objeto inanimado y la modelo.

Sin embargo, el semblante femenino no pertenece a cualquier persona, se trata de Kiki de Montparnasse, icono y musa de las vanguardias artísticas llegadas a Francia en la década de los años veinte, presente también en “Le violon d’Ingres” (1924), otra fotografía emblemática de Man Ray —sobrenombre de Emmanuel Rudzitski—.

Modelo de Fujita y Pablo Gargallo, amiga de Hemingway, Picasso y Jean Cocteau, la personalidad y el corte de cabello de Alice Prin —nombre real de la diva— deslumbraron a los artistas parisinos que la incluyeron en sus tertulias como una más de ellos y la adaptaron por su seudónimo.

El incansable surrealista que fue Man Ray utilizó la cámara como un objeto más para expresarse, del mismo modo que empleó los pinceles y el papel fotográfico expuesto sin cámara, método que popularizó y denominó “rayograma”.

“Noire et blanche” forma parte de una serie protagonizada por Kiki y la máscara. Sin embargo, esta imagen tiene un carácter único pues el rostro de Kiki — posado sobre lo que pareciera ser una mesa, con los ojos cerrados— le otorga un carácter tan inanimado como el del objeto que sostiene. Sólo su mano parece tener vida en el encuadre, miembro que, levantado y rígido, delata la vivacidad de quien lo mantiene en esa postura.

Las dos figuras tienen un segundo significado que apela a su simbolismo; ambas introducen un carácter irruptor. La máscara representa el arte africano que empieza a ser revalorado, mientras que el rostro femenino encarna a la mujer que comienza a liberarse en esa época.

El retrato tiene su mayor contraste puesto en ambas figuras. El negro expresado en el cabello de la modelo y en la máscara que la acompaña; el blanco, en la piel tersa de Kiki y en el reflejo de las luces que iluminan la escena y se delatan sobre la figurilla.

El cabello de Alice, simbolizado en esculturas y pinturas, no tiene en la obra de Man Ray un peso igual que el de su piel. En “Noire et blanche”, peinado hacia atrás, cede fuerza al rostro y a los labios, dejando que la femineidad se concentre en ellos y en el arete que, escondido en el cuello, alcanza a asomarse.

Tres fuentes de luz se encuentran detrás de la escena, la principal ubicada junto al fotógrafo, a la altura de la modelo y de frente a ella; una segunda situada al lado izquierdo y con una mayor potencia, pues provoca las sombras más fuertes; y una tercera cercana a ésta, aunque con una menor intensidad. La iluminación que cae sobre la figura y el rostro de manera armónica, pierde su uniformidad en el fondo, en donde los matices del gris varían de manera gradual.

Fuera de foco, la piel descubierta de Alice —sólo interrumpida por la sombra de la máscara que cae en su hombro izquierdo— delata una desnudez que no sabemos hasta dónde llega.

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