Nick Hornby, un beatnik de fin de siglo

Alguna vez le escuché decir a Sergio Zurita –dramaturgo, director de teatro y locutor de radio– que Alta fidelidad, de Nick Hornby, era algo así como la novela beatnik de fines del siglo XX.

De los beatniks originales, he de confesar que sólo he leído En el camino, pero también El guardián entre el centeno, que propiamente no pertenece a esa corriente pero creo que es su antecedente directo. De alguna manera Holden Caulfield y Sal Paradise son el mismo personaje, con diez años de edad de diferencia. Ambos libros me permitieron ver (ya sé que es un lugar común pero no deja de ser cierto) que es posible alejarse del estilo formal y correcto para narrar una historia y escribir un libro; que es posible y válido utilizar el lenguaje común que utilizan las personas comunes para contar anécdotas a sus amigos mientras se toma una cerveza. Y también, a partir de ellos, fui consciente del poder trasgresor, contestatario, irreverente e inconformista de la literatura, así como de su capacidad transformadora, sobre un lector necesitado de que alguien más dijera lo que rondaba en su cabeza.

Zurita estaba en lo correcto. Alta fidelidad tiene todos los rasgos y características intrínsecas, propias, consustanciales al movimiento beat, pero su temática, sus conflictos y su entorno, son propios del fin del siglo XX. Tal vez, incluso, Hornby continúa la cronología: Caulfield es un adolescente que no sabe hacia dónde empezar el camino; Paradise es un joven veterano del ejército, que no sabe por dónde continuar el camino interrumpido por la guerra; Robert Fleming está justo a la mitad de sus treintas, es dueño de una tienda de discos cuyo único visitante recurrente es un vagabundo, su novia lo ha dejado y sabe que ya no puede vivir como un adolescente disidente, pero tampoco quiere vivir como un adulto responsable. El mismo personaje, el mismo cinismo, el mismo desparpajo, la misma inconformidad, pero con conflictos propios de su época y de su edad. El conflicto de Fleming no es contra el sistema o contra el status quo, sino contra sí mismo, contra el veinteañero que fue y contra el cuarentón que no quiere ser.

Lo que sería un hecho trascendente para cualquiera (que Laura lo abandone), Robert trata de tomarlo a la ligera, incluso dejando ésta fuera de su lista de rompimientos más dolorosos. Intenta disfrutar otra vez de una libertad con la que no sabe, bien a bien, qué hacer, pues por más que trata, se da cuenta de que nada de lo que hace, tiene la misma intensidad fulgurante de la adolescencia. Nada de lo que hace es como la primera vez que lo hizo. Sabe que va en caída libre a tocar fondo y busca refugiarse en sus prejuicios, en sus categorías preestablecidas para valorar a las personas, en sus lugares de confort, tanto físicos como psicológicos, pero todo es un intento por evadir la idea de que el tiempo ha pasado y que, en su mayoría, lo ha desperdiciado, salvo en contadas ocasiones y momentos. Cuando Robert sabe que no es humanamente posible, ni digno, ser más patético, comienza un trabajo de retrospección y busca reencontrar a las mujeres que le infringieron las humillaciones del top cinco, para entender por qué hicieron lo que hicieron y, si en algún momento lo quisieron y por qué, a pesar de su heterodoxia emocional. Hasta que sale del bache y todo comienza a acomodarse nuevamente, incluso con algunas pistas de que la felicidad es posible, a pesar de él mismo.

La novela parte de una estructura narrativa muy básica, un planteamiento, un desarrollo y un desenlace muy marcados y obvios. Además, la construcción de las escenas y la determinación del ritmo son apenas los que se le exigen a un escritor profesional y de la talla necesaria para que Anagrama los traduzca al español. Sin embargo, Hornby prefiere no perder demasiado tiempo en tecnicismos literarios, sino que sólo establece unas bases razonables para, desde ahí, dejar correr toda su creatividad y crear a un personaje perfectamente definido e identificable, incluso desde el recuento inicial, que mantiene congruencia a lo largo del relato, pero en el que son manifiestas las transformaciones que va sufriendo hasta salir de la novela como un hombre que ha roto algunos de sus prejuicios, que no es poco decir, y que está emocionalmente mejor dispuesto a la felicidad, lo cual es mucho decir.

Y ahí es donde está lo beatnik de esta novela del fin del siglo XX: privilegia la espontaneidad del discurso sobre el formalismo estructural; la coloquialidad del lenguaje, sobre la corrección estilística; la verosimilitud del personaje, sobre la precisión de la prosa. No es casualidad que sean los propios Holden, Sal y Robert los que personalmente nos cuenten su historia, pues su forma de narrar no es propia de quien esté fuera del conflicto, Sólo quien lo sufre en carne propia es capaz de hablarnos con tal intensidad de detalle y plasticidad.

Sin embargo, por más beatnik que se sea, para que el producto narrativo quede bien logrado, es necesario echar mano de las herramientas del oficio, para tallar y tallar la piedra hasta que el resultado sea satisfactorio.

El oficio de Hornby queda de manifiesto en que la voz de su narrador es cercana, es personal, es espontánea, pero nunca se sale de tono, ni es discordante con la trama. Hornby emplea un estilo poco ortodoxo pero no artificioso porque es el único que corresponde con la personalidad de Fleming. Caso contrario, por ejemplo, de Daniel Sada en Casi nunca, que con un estilo muy elaborado, cuenta una historia bastante tradicional.

Y con esa voz tan particular, nos narra lo que siente y vive y percibe y sufre, mientras se aleja de sus treintas, cuando todavía se es muy joven, y se acerca a sus cuarentas, cuando se supone que las personas ya deben ser maduras. Su conflicto es que, desde su punto de vista, todos los que maduran claudican sus convicciones, de disidentes se convierten en parte del main stream. Eso es justo lo que él no quiere, pues no tiene el menor interés de volverse uno más de esa masa informe de personas en que todos siguen los mismos patrones de conducta. A final de cuentas, Laura le hace ver que, de todas sus convicciones, tal vez muchas son más bien prejuicios y que vale la pena quitárselos de encima, sin que ello implique renunciar a las propias convicciones, al contrario, que sean tales las diferencias que nos distinguen de los otros.

Creo que todos al crecer y madurar hemos tenido los mismos conflictos. La adolescencia es un caldo de cultivo a todas esas dudas existenciales, que se replican en los años de crecimiento académico y profesional hasta llegar a las etapas en que la reflexión es más trascendental. Creo que todos podemos vernos en Robert Fleming. El gran acierto de Hornby, desde mi punto de vista, es que no predica como Saramago en su Ensayo sobre la ceguera. No nos dice cómo son los conflictos de todos los hombres de entre treinta y cuarenta. Se limita a narrar el conflicto específico y personal de su personaje, quizás de él mismo, desde su punto de vista particular, pero de una forma tan bien trabajada (por más beatnik que sea) que el lector no puede evitar detenerse un momento y echar una mirada hacia atrás.

RMM/PR

-- Nick Hornby, caricatura --

23 Comments

  1. Great website! It looks extremely professional! Sustain the helpful work!

  2. Many thanks really valuable. Will certainly share website with my good friends.

  3. say thanks to a lot for your internet site it assists a lot.

  4. Merely wished to mention I’m just ecstatic I happened on your website page!|

  5. You’ve gotten the most effective sites.

  6. Keep up the awesome work !! Lovin’ it!

  7. Very insightful….looking forth to coming back again.

  8. Keep up the good job and generating the group!

  9. I adore this website – its so usefull and helpfull.

  10. Maintain the excellent job and generating the group!

  11. I adore this website – its so usefull and helpfull.

  12. The information is very exciting.

  13. Many thanks, this website is extremely useful.

  14. say thanks to a lot for your website it helps a lot.

  15. Wow because this is excellent job! Congrats and keep it up.

  16. Wow because this is excellent job! Congrats and keep it up.

  17. Regards for sharing this superb web-site.

  18. I appreciate the knowledge on your web site. Kudos!

  19. You’ve gotten astonishing knowlwdge listed here.

  20. Thanks a ton for sharing your very good web site.

  21. You’re a very valuable web site; couldn’t make it without ya!

  22. Post writing is also a excitement, if you be familiar with then you can write otherwise it
    is difficult to write.

  23. Some colleges make this a two-stage process.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*