
Desperté con los ojos hinchados como dos pies llenos de varices. Desprendí las lagañas pegadas entre mis pestañas para que la luz pudiera golpear el iris. La luz dibujaba los objetos dándoles un tono extraño, diferente a otros días. Pareciese como si el tiempo no trascurriera en su andar invisible pero constante. Me levanté, busqué la ropa que debía yacer en el suelo sucio de la habitación antaño alquilada para aquellas noches de lujuria que tanto le agradan al hombre…la ropa no la encontré por ningún lado: debajo de la cama sólo se paseaba una cucaracha, en el techo dos arañas copulaban una sobre la otra, debajo del escritorio un alacrán peleaba con un cara de niño; imágenes triangulares confundían mi cabeza. Los ángulos se estiraban. La simetría a la que estamos acostumbrados en la realidad se alteraba, omitiendo el orden de las cosas…y la ropa, yacía puesta sobre mí.
Los zapatos seguían en el mismo lugar de anoche, con residuos de vómito y lodo; el pantalón manchado, almidonado de ayer. Todo giraba entre las paredes de la confusión e incertidumbre. Tomé un metro para calcular las medidas de la habitación vieja. Decidido a postrarme en el centro de ella. Mi memoria se escurría entre los números, lo exacto se me antojaba un juego mentiroso y sin razón. ¿Cómo calcular las distancias si la simetría ya no era la misma? Las matemáticas se quebraban entre sus principios. La realidad adquiría nuevas dimensiones indescriptibles. El principio ya no era el uno, el cero se encontraba en todas partes.
“La mente es tan frágil que un rasguño puede alterar la percepción del tiempo y el espacio”, pensamientos de pensamientos hilándose por ratos, tratando de agarrarme de algunas ideas que aterrizarán mi cabeza convulsa. El tiempo parecía caminar sobre sus propios pasos. La regresión incesante, de la que muchos han hablado, se mostraba ante mis ojos. La máquina se encontraba encendida, y en la pantalla se podía leer “mente de cristal jugando con arañas neuronales, cubierta de cabellos de hielo y mira con ojos de silencio…”. La apagué, por qué no podía entender lo que me decía, alteraba más mi pensamiento con ideas abstractas, mi percepción iba más allá de lo que yo imaginaba, pues la locura comenzaba a enredarme en sus diáfanos senderos laberínticos. Los pajarillos cantaban melodías escabrosas con vocecillas roncas. Las plantas que adornaban el interior del cuarto –lo más bello de él- habían reducido su tamaño, su flor secado y sus hojas convertido en largos cabellos. Los viejos libros empolvados, sangraban por el lomo; las paredes sacaban sus uñas manchadas de mugre y sangre…todas las imágenes se triangulaban inversamente, formando narraciones que solo en los libros podían existir.
–¿Será posible que yo esté dentro de un libro, atrapado, moviéndome de acuerdo al capricho de un demiurgo con poca imaginación, pensando como él quiere, ensimismado en su pensamiento de laberintos? –la pregunta salto de pronto como un felino furioso arañándome el pensar. Si era así, debía encontrar la salida, tratar de girar todo a la izquierda; debía hallar la manera de enviarle un mensaje a ese pueril escritor, y la única manera, era escribiendo de derecha a izquierda, –como lo hace los… todo hacia la izquierda, y no pensar como estoy acostumbrado a pensar, escribir sin pensar, sin que las palabras ocupen un lugar de primacía en la expresión, escribir con el pensamiento, sin códigos sin sentido… “ sjfgurffsdgff”… comencé sin fin. Escribí palabras en desorden, que ni yo lograba entender, pero que, cargadas de esperanza, debían ser entendidas por aquél, que jugaba conmigo. De pronto la pata de la mesa me mordió el zapato, y la máquina comenzó a escribir sola mientras reía, “no seas tonto, eres mi creación, lo que estás pensando yo ya lo pensé, lo que estás viendo yo lo escribí, lo que intentas yo te lo ordené, no eres más que otro entre muchos, tratando de encontrarle forma y orden, la desorden amorfo…” Entonces, ¿cuál era el fin de estar aquí.? Toda mi vida se reducía a un andar predestinado, todo era un juego, un capricho…ahora que lo veo hacia adentro, “el cosmos gira”…de regreso, de esta manera dejaré de existir antes de que este capricho me reduzca a nada.
Tomé el cuchillo que escupió la rosa roja de cristal que colgaba del techo, decidiendo acabar con esta inmundicia, claro, enseguida de culminar con este testimonio de la idea que tengo de la construcción de nuestras vidas. Me dispongo a transliterar el pensamiento pero la sangre comienza a manchar las teclas de la OLIVETTI, la vista se me nubla, el sueño viene, viene, me trapa, caigo, logro verle, es horrible, sólo su mano acuchillando el papel con una pluma escupe tinta, lo puedo tocar, lo jalo, se resiste, lo jalo con mis ultimas fuerzas, el sede, es más débil que yo mismo. Cae conmigo en una caída infinita, él no cesa de burlarse, y dice: “ves como eres la mierda que he desechado, caes conmigo por que yo ya he muerto”. Le contesto que eso no puede ser, que yo encontré la salida al laberinto, él sigue riendo, habla de un poeta ciego agonizando, recitando entre eternas llamas dantescas… “él elc ulpable”. Que la vida va más haya de un simple desorden en el cosmos, que las letras no son infinitas, que aquí estaba la respuesta, que las letras no son más que súbitos pensamientos volátiles en el espacio, que el tiempo se encargará de tragar y devorar, aguardándoles en secretos de olvidos que serán recordados “mientras tú y yo ¿qué somos?”. Incrédulo y enfurecido y dudoso le golpeé el rostro hasta que me dolió a mi también. El dolor era tan intenso, que me hizo despertar. Era un sueño, tan sólo un sueño, pero, “mientras tú y yo ¿quién somos?”.
RL