Poética del instante en Eugenio d’Ors

 

 

Gaston Bachelard consideraba que un poema era una metafísica instantánea, es decir, un ejercicio en el que hay una representación fugaz del ser y los objetos. Esta idea no se limita únicamente a la poesía, sino que puede extenderse a casi cualquier género literario: donde exista temporalidad existe la posibilidad de este juego de lo inmediato.

Oceanografía del tedio de Eugenio d’Ors, –escritor catalán, punta de lanza del llamado Novecentismo– se encuentra en los anaqueles de novela en las librerías. El bibliotecario o el librero no tienen problema alguno en colocarlo ahí, no se lo plantean dos veces. Sin embargo, enfrentarse a este texto constituye dos problemas fundamentales: el de género literario y el de la temporalidad.

Desde el principio cuesta asumir al texto como una novela. Hay personajes, pero parecen más bien presencias que actúan, que sólo existen en tanto que hacen. Doctor prescribe y Autor obedece. Son fuerzas y no tanto personas.

Me llama la atención la ausencia constante de artículos definidos y la abundancia de los infinitivos, pues dotan a la “novela” de un ritmo veloz. Crean un transcurrir que fluye con ligereza.

El estilo de este texto dificulta su definición genérica. No me atrevería a hablar de prosa; en todo caso diría que se trata de poesía en prosa o, sin miramientos, plenamente de poesía. Hay un lenguaje vital que no está narrando, está poetizando. Existe una preocupación por los pequeños eventos en una especie de contemplación convaleciente. “Ligero rumor, el del cigarrillo en caer en tierra. Y así varios ejemplos en los que las imágenes poéticas no aspiran a la universalidad o al resumen de todas las cosas, sino más bien a capturar los instantes concretos, los núcleos poéticos inmediatos que suceden a Autor, el protagonista.

Hay una ambivalencia que me parece muy interesante. La “narración”, término que no me satisface aquí pero que debo utilizar para tratar este punto, sucede a gran velocidad. Son tres días en la vida de un paciente de hospital. Sin embargo, el desdoblamiento de los pequeños sucesos da la impresión de que todo está pasando en cámara lenta. Aquí la contradicción: el efecto de inmediatez, la poética del instante, en todo caso, está construida a partir de la lentitud, de la parsimonia.

Ya planteado tiene todo el sentido del mundo. En algunas secuencias del cine, cuando se retrata con detalle una acción que tiene lugar en un período corto de tiempo, se hace en cámara lenta. El instante se alarga para mostrarnos, fotograma por fotograma, el viaje de la bala hacia el pecho del protagonista. En el texto no se trata de una milésima de segundo, sino de tres días enteros, pero el recurso empleado es exactamente el mismo.

Haciendo un paralelismo con lecturas recientes, en El santo de César Aira hay un juego similar. La trama de esa novela también sucede en tres días, pero ahí se utiliza el recurso contrario: la novela está atiborrada de sucesos. El personaje pasa por tantas peripecias, tantos lugares remotos y conoce a tanta gente que enterarse al final de que todo sucedió en tan sólo tres días es mágicamente inverosímil. Pero son únicamente dos formas, la de d’Ors y la de Aira, de llegar a una misma cosa.

Imagen obtenida de: http://media.gettyimages.com/videos/slow-motion-water-drop-splash-video-id477073369?

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