Pospuesto para siempre

"The Road to York through Sledmere" (1997), David Hockney

“The Road to York through Sledmere” (1997), David Hockney

ISRAEL G. CASTRO |

Mientras toca el teclado, su corazón inexperto palpita al ritmo del primer amor, al compás de la primera ilusión que el sonado sentimiento provoca en los amantes primerizos, sus dedos resbalan lentamente por las teclas, su boca susurra una vieja canción, cierra los ojos para evocarlo a él, que hace unos minutos terminó de peinarse y ahora se prepara para salir a su encuentro, revisa su cartera, sopesa el poco capital que ha logrado juntar para invitarla a salir, a ella, la culpable de sus noches en vela, de sus tardes sin hambre, de mañanas que no llegaban hasta ayer que le propuso ir al cine y aceptó, ella que puede llamarse Estela, Mariana, Brenda, qué importa el nombre, lo relevante es que ahora mismo se desviste con calma, palpa el agua que cae de la regadera para después entregarse al tibio líquido, mientras pasa el jabón por su delicada piel en su cabeza vislumbra la ropa que se pondrá, vuelve a tararear la canción que hace unos instantes interpretara junto al teclado, cierra la llave de la regadera, sale del baño casi desnuda, contempla la ropa del closet, duda entre una prenda y otra mientras él aborda un microbús

…calcula su tiempo, tantea sus gastos, doscientos ochenta pesos para invitarla al cine, no le alcanza para una docena de rosas, pero puede comprar una, sólo una, no importa que por eso tenga que volver caminando a casa, si logra que ella le dé un beso o le arranca una sonrisa la travesía valdrá la pena, entonces se apresura, la cita es a las cuatro y ya son las tres, no puede darse el lujo de llegar tarde, no ahora que ella se viste apresuradamente, que los nervios la acosan volviéndola torpe, haciendo que no encuentre los aretes que había pensado lucir esa tarde, de pronto recuerda haberlos puesto en lo más alto del closet, desesperada busca algo para poder alcanzarlos, lo único que encuentra es un desvencijado banco de plástico, sin pensarlo se sube en él, pero éste la traiciona rompiéndose, haciendo que caiga y se pegue en la cabeza justo cuando él paga la rosa en la que ha cifrado la mitad de su esperanza

…faltan cuarto para las cuatro y tiene que caminar diez cuadras extenuantemente largas, con la flor en la mano y el corazón exaltado piensa en la posibilidad de abordar un taxi, revisa su cartera hace cuentas y descubre que el gasto resultaría mortal, no hay vuelta atrás, tiene que correr aunque eso implique bañarse en sudor, pero es preferible llegar sudado a llegar tarde, con sumo cuidado toma la flor entre sus manos y corre tan rápido como le es posible, mientras ella aún aturdida por el golpe se sienta en su cama, se soba la cabeza, después de un rato se calma, maldice los aretes, abre el tocador y escoge otros, aunque eso implique cambiarse la blusa y el collar, son las cuatro en punto, en cualquier momento va a sonar el timbre y será él, sólo de pensarlo siente que algo le revolotea un el estómago y que las fuerzas de las piernas la abandonan, baja a la sala, sus ojos observan el teléfono, luego la puerta, él corre, no quiere llegar tarde, entonces el destino les regala un trago de veneno, una mala pasada, una coladera mal tapada se le cruza en el camino, le es imposible evitarla

…todo sucede rápido, trepidante, el pie izquierdo se hunde, la rodilla no soporta el impacto, se quiebra, se fractura justo a las cuatro con siete minutos, cuando ella empieza a impacientarse y un tenue dolor le va creciendo en la cabeza, ve el teléfono y piensa en hablarle, pero algo en su interior se niega a hacerlo, saca el celular de su bolso, lo revisa, no puede ser que la deje plantada después de haberle rogado tanto, no puede ser que no llegue, el dolor en la cabeza se intensifica, siente que el cráneo se le rompe como a él se le rompió la rodilla, trata de sentarse en un sillón pero se desvanece, deja de respirar, el corazón se le detiene justo cuando él se revuelca de dolor e impotencia, las personas que caminan por ahí lo empiezan a rodear, tratan de ayudarlo pero es inútil, horrorizados y morbosos ven la fractura expuesta, alguien grita que llamen a la ambulancia, desde esa posición puede ver la casa de ella, sólo le faltaba media cuadra, media cuadra.

| RMM | IC |

_______________

Israel G. Castro (1980) 

Narrador que actualmente trabaja en su primera novela. Ávido lector de Carver y Chandler. Dedica parte de su tiempo a disfrutar la música con que creció y que nunca dejará de disfrutar. Subdirector de la revista Absenta.

Comments are closed.