“Relatos de Vida y Muerte”

Juchitán de Zaragoza.- Con Relatos de Vida y Muerte —comenta Vidal Candelaria, director de Lidxi Guendabiani (“Casa de Cultura”)— el promotor cultural Ulises Castillejos Sánchez se estrena en la “paternidad literaria”.

Oriundo de la 5ª sección, sabedor de que el Guigu Bicu (Río de los Perros) quiebra de norte a sur en sitios recónditos que esconden misterios empapados de leyenda, Ulises Castillejos convivió desde su nacimiento con campesinos, alfareros, bordadoras, taberneras, iguaneros, muxes (homosexuales), curanderos y nahuales. Semejante diversidad nutrió su manera de escribir (sencilla, permisiva), pensada para que el lector inunde su mente con los diferentes escenarios fantásticos acaecidos en juchitecos, hijos del mágico Istmo de Tehuantepec.

Con ilustraciones del maestro Chaire en portada e interiores, el autor juega en el presente compendio con la palabra zapoteca (záa). Desglosa etimológicamente “la palabra florida” (didxa guie’) con “poesía” (didxa gola záa): palabras antiguas de generaciones milenarias incautadas en el “Vocabulario de Fray Juan de Córdoba” durante La Conquista de nuestro México virginal.

Los once relatos de este “hijo primogénito” —como llamó Vidal Candelaria al volumen en su presentación editorial— hacen reír a carcajadas gracias al esfuerzo de sus amigos y hermanos, al esfuerzo de su madre, Amelia Mundu, cuentista que entrevistó a un misterioso nahual, quien a su vez nos cuenta cómo la oralidad juchiteca (basada en la sabiduría tolteca), su palabra, es un arma que todo hombre porta de la mañana a la noche.

Sí, la palabra es arma de doble filo, puede revivir o maldecir —ejemplifica el prosista— pues a mediados del siglo XX un loco arrastró a la guerra a hombres, mujeres y niños como a ratones del flautista de Hamelín, aun en una nación avanzada. O el justo contrario: la palabra de Jesús incitaba a una generosidad tal que dividió la historia en un antes y un después del “Yo no soy digno de que entres en mi casa…”

Así, los hombres son víctimas de sus propias palabras. En México la Democracia naufraga en boca de políticos que se apropian del proselitismo oportuno, como Salinas “El Seductor” —denunció Castillejos—. Por otra parte, en el arte, las paredes, las pinturas, las servilletas de la Casa de Frida y Diego escurren ternura “Diego en mi pensamiento… Sapito Lindo”, Frida le hablaba a su esposo como una madre amorosa.

El autor teco asegura: “las palabras que hieren deben olvidarse pues el odio domina el alma de quien lo guarda y hasta la astuta zorra de El Principito recomienda prudencia al hablar. Por eso sólo las palabras más sabias son inmortalizadas en edificios públicos: ‘Por mi raza hablará el espíritu’, de Vasconcelos.” El precio de didxa naxhi (“palabra dulce”) manantial de miel que abre el capullo en flor; didxa doo (“palabra de deidades”) que concilia a padres con hijos, armoniza matrimonios; didxa duxu (“palabra de envidia”) el perro bravo que vocifera y ladra, fuente de resentimientos.

Al término de la presentación, Ulises Luna, autor del libro Chu Rasgado y Saúl Martínez, recomendó ampliamente abrir Relatos de Vida y Muerte y cerrar las puertas a medios de comunicación que invaden con música ofensiva e impregnan violencia intrafamiliar. Con treinta y seis años en el magisterio, Luna escucha a los niños decir “es que soy burro”, incesante condena, violencia verbal que contamina. Por lo tanto este prosista nos invita a sembrar semillas líricas, como los relatos oaxaqueños de Ulises Castillejos.

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