Los detectives salvajes

“The Billy Boys” de Jack Vettriano sirvió de motivo para la portada original de “Los detectives salvajes”

MARIBEL ELÍAS |

Publicada inicialmente en España hacia 1998 por Editorial Anagrama, Los detectives salvajes es una de las últimas novelas de la centuria de mil novecientos; también una de las que inaugura un recién parido centenario que está entretejido de las historias de un tiempo y de un universo sublevado.

Roberto Bolaño (1953-2003), chileno, mexicano, español, suramericano, europeo, de todos y de ningún lugar, es uno de los principales prosadores y poetas de lengua española que se ubica en la transición, y que ha abierto las pautas a una nueva forma de crear hermanando diferentes plumas. Ha dado el paso al siglo XXI.

La búsqueda de los ideales

Así se sucede esta obra, sin orden enteramente gradual, la precede un relato y al mismo tiempo profetiza otro, se queda en la media, se componen tres títulos que de una u otra manera se compaginan, así resultan estas historias: Amuleto (Anagrama, 1999), la memoria; Los detectives salvajes, la disidencia, el paso a la posmodernidad, el salto de la utopía al desencanto revolucionario; 2666 (Anagrama, 2004), póstumo híbrido de estilos y de continentes que dicta un futuro-infierno-presente vivido desde ayer.

Miles de pasos, múltiples caminos recorridos en ellos, personajes álter ego que se disipan en mitificciones por su cualidad literaria. Arturo Belano y Ulises Lima (Roberto Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro) son los detectives salvajes, líderes de un grupo de jóvenes poetas defeños, llamado “los real visceralistas”, algunos de los cuales se creían herederos de los estridentistas, mientras que otros, la mayoría, no sabían en realidad qué era aquello que llamaban poesía real visceralista.

Y es precisamente su búsqueda de identidad la que lleva a este par, junto con un novato del grupo, Juan García Madero, y Lupe, una amiga, a encontrar vestigios de Cesárea Tinajero, madre e iniciadora del movimiento, quien renunciando a la creación de Estridentópolis al lado de Maples Arce, ListArzubide y Arqueles Vela, salió sola del DF rumbo a su tierra, Sonora, despareciendo de la vista del mundo de las letras. Los cuatro abandonan la misma ciudad la noche que cerraba el año de 1975 y abría el de 1976, van en busca de la aventura, de los ideales.

No obstante, las aventuras de los dos protagonistas se prolongan hasta 1996, errancia de aptitudes y de vías que ambos comprenden, y en la que uno se pierde, y otro, también.

Belano viaja a España, amante de mujeres y de poesías, trabaja de lavaplatos y vigilante nocturno al tiempo que se delata como escritor de narrativa. Llega joven y termina enfermo, los años pasan. Finalmente desaparece en África, perdido en un lugar de olvido… Lima recorre Francia e Israel, también Austria. Viaja sin mayor éxito, habitualmente no es bien recibido; pese a todo, sigue leyendo poesía, incluso cuando se baña. Regresa a México y se desvanece, como el real visceralismo… Ambos trotamundos van topándose con una gran cantidad de personajes y de experiencias, narradas, hiladas muy sugestivamente, con gran atino en un amasijo de cuentos que comulgan, que miran hacia delante.

Herencia de vanguardia: el estridentismo

Con la llegada del siglo XX devino un nuevo orden: dos guerras mundiales y la revolución bolchevique, la gran depresión en EE.UU., dictadores hispanoamericanos y europeos. Sobrevino la necesidad de explicarse con nuevas formas artísticas que se adaptaran a esta realidad, y más que todo que llamaran de otra manera a la humanidad. El espíritu de las vanguardias tiende a lo revolucionario, a la crítica, a una búsqueda de salida, movimientos rebeldes que requirieron crear algo nuevo, otro proyecto. Surgieron manifiestos que al unísono acusaban la opresión cultural tradicional y abogaban por múltiples libertades.

En México una de las vanguardias más representativas es la tendencia estridentista, que fue revelada con la aparición de una primera proclama en 1921 en la Ciudad de México. Con este movimiento Maples Arce dejaba claro el espíritu cosmopolita de su aventura al mismo tiempo nacionalista. En total lanzaron cuatro manifiestos, cuyas características y temáticas fueron, según se aprecia en El estridentismo. Una literatura de la estrategia de Luis Mario Schneider: Una síntesis quinta-esencial y depuradora de todas las tendencias florecidas por una rigurosa convicción estética y de urgencia espiritual. Justificación de una necesidad espiritual contemporánea. Que la poesía sea poesía de verdad. La poesía, una explicación sucesiva de fenómenos ideológicos, por medio de imágenes equivalentistas orquestalmente sistematizadas. La juventud mexicana es una inquietud perpetua, un anhelo gigante de renovación: Renovación social, política, estética. RENOVACIÓN CONSTRUCTIVA.

En general, según List Arzubide en El movimiento estridentista, dos de las principales cosas que pretendían sus integrantes era innovar en la poesía y en la escritura, dejando de lado “la gritería cuadrumana de las porras académicas”. Con vistas a la misma dirección, en “Historia de algunos infrarrealismos”, Heriberto Yépez cita: “Evodio Escalante escribe que la ‘ferocidad especial’ en ‘la oposición entre estridentistas y Contemporáneos… puede pensarse, se trasmina hasta la actualidad’ ”). Levantamiento de un fresco de las letras contra el “canon mexicano”, en el que sus colores no armonizaban con los de la élite cultural.

Justo aquí está su aleación con los real visceralistas, ambos demandan dos puntos primordiales: intentan recuperar la fusión entre la realidad cotidiana y la vida en el arte, al igual que discrepan con el orden cultural establecido. Luis Sebastián Rosado, personaje en Los detectives salvajes, dice que “todo el mundo sabía que los real visceralistas eran como los estridentistas”,  ahora se sabe que el realismo visceral es el seudónimo con que Bolaño-Belano renombra a los infrarrealistas.

Los real visceralistas y la generación infra

Algunos dicen que esta pandilla pensaba con las vísceras, que se dejaban llevar por la auténtica emoción, que tenían en mente la búsqueda de la poesía de los grandes ideales. Iban a cambiar la poesía latinoamericana. En la década de los años veinte o treinta ya había existido un grupo vanguardista mexicano llamado los real visceralistas, y, según Ulises Lima, los actuales real visceralistas caminaban hacia atrás, “de espaldas, mirando un punto pero alejándonos de él, en línea recta hacia lo desconocido”. Mexicanos perdidos en México.

Caminaban al origen y simultáneamente al futuro, necesitaban solidificar sus bases y tener referentes, allá donde Cesárea Tinajero era la encarnación de ideales, una justificación y un principio para fortalecer la entrada de una nueva poesía, de un cambio necesario. Pese a todo, el arquetipo escondido, profético, al volver a la luz, lo hace sólo para morir. Nefasto. Perdidos en su propio país, en su propio mundo, en sí mismos, crisis de la identidad del poeta y de la cultura, de la falta de memoria y la ausencia de historia.

En 1975 surgió el infrarrealismo como un movimiento poético rebelde que se oponía a la cultura oficial en México y a su burgués orden establecido, cuya máxima figura es-fue Octavio Paz. Su consigna, la frase de Matta, el último de los surrealistas: “Volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial”.

El infrarrealismo, o mejor, los paralelos infrarrealismos (manifestado uno en la novela de Bolaño, otro en la poesía de Mario Santiago, otro con el estilo de José Vicente Anaya, los tres redactores de los tres manifiestos de la corriente, escrito uno por cada uno, —y que por cierto, diferían en las posturas de lo que era el movimiento, la esencia de los mismos era variable—, y quienes además, fueron en su momento algunos de los partícipes más sujetos al grupo), iniciaron entre 1974 y 1975 en el DF, pero iría transformándose a la partida de Bolaño y Mario Santiago, y de la salida de otros miembros del grupo. Surgió luego otra etapa infra en 1977-1978, de la que Anaya ya no formaría parte, posteriormente, después del éxito de Bolaño con Los detectives salvajes, “surgió” otro, el neo-infra, con sede en internet. No obstante, el periodo cúspide fue en sus orígenes.

Se trata de una vanguardia tardía que se explica en las anteriores vanguardias de principio y mediados de siglo, por eso su apego al estridentismo, al que tanto se parecía hasta en las acogidas: fueron menospreciados por “La Academia”. Y es que los infras (nacidos en los cincuentas, como los real visceralistas) tenían una “poética —explícitamente antipaceana, coloquialista, contracultural— y sus personas —vinculadas a la bebida, las drogas, el desmadre— aseguraban que el medio literario mexicano —tradicionalista, pequeño burgués, elitista— bloqueará su entrada”, Heriberto Yépez dixit (poniéndose el lector sus anteojos más críticos puede aventurarse a leer poemas infrarrealistas, y sacar algo bueno, o malo, depende; quizás le agrade la posmo-métrica contrapoética).

Al parecer el origen del término es francés y es atribuido a Roberto Matta, el último de los surrealistas. Infra alude a lo inferior, a lo que está debajo de, y puede verse de dos maneras en la novela de Bolaño: tomar la cotidianidad de la vida para hacerla poesía, llevar el arte a la vida, praxis vital; escarbar en el pasado, ir a los orígenes, justificarse en eventos históricos, rebeliones, también en escritores de otros lugares, europeos, retomar autoridades. Un llamado glocal al ciudadano del mundo, al hombre global del lumpemproletariado.

La disidencia

Los detectives salvajes es la puerta de entrada a la posmodernidad, un indicio que aventura a la búsqueda de fuentes que revelen el inconformismo cultural, batallas de resistencia y políticas, por supuesto. Hasta ahora, aplauden las mayorías, el mejor ejemplar del género de la novela sobre una vanguardia, ya sea en Latinoamérica, en Europa o en Estados Unidos.

Sin duda, el infrarrealismo del que se acompaña es un vistazo hacia atrás, una revisita a otras contraculturas, tales como la generación Beat de la Universidad de Berkeley allá por los años cincuenta, Jean Genet en Francia, para qué ir más lejos, todos los ismos del que estuvo repleto el arranque del siglo pasado, el estridentismo en México es básico. Fenómenos marginales que brillaban por oscuros, a contraluz, ¿será?

Los detectives salvajes, poetas brutales y vulgares que van en busca de nuevas formas de exponer la cultura, que quieren mostrar que hay mucho más que el pequeño centro que vomita moldes para ser parte del canon, chicos que quieren modernizar-posmodernizar este continente haciéndolo parte del mundo, dejando atrás los temas regionales, tachando el pintoresquismo del sur del continente, es la novela total, de un pasado reciente, de un presente pretérito venidero.

La poesía, la narrativa, muere y se recrea, muere y se recrea. Roberto Bolaño dejó huella de un movimiento que muy posiblemente hubiera pasado por alto si no lo hubiese hecho presente en su leyenda cargada de referencias —sucedidas y culturales— obligatorias, que advierte una manera de vivir como poetas, un mundo que desde la década de los años setenta fue cambiando de visión hacia el término de la centuria. ¿Qué pasará con la literatura del nuevo milenio, será el final de la utopía de las buenas letras, o será su regeneración en un nuevo entorno para su avance social?

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303 Comments

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