Es de noche. Tom llega a la granja de Guillaume, pero está muerto, la madre sigue viva. Recibe la granja a un Tom asustado, nervioso, con la mirada desencajada como becerro frente al coyote. Ella, quien fuera su suegra sin saberlo, le ofrece comida, pregunta su nombre, lo mira. “Hueles a su perfume, hueles a él”. Pero Tom sólo calla, como siempre. Es el amor entre dos hombres un secreto infranqueable…
Hombre y paria. Se puede ser ambas. Se puede ser ambas cuando la ira, el miedo, la estupidez manda. Cuando se viaja al otro lado del mundo, sin nada en los bolsillos, a tierra extranjera. Cuando se huye de la violencia, de la ceniza de la guerra, del penetrante olor a sangre y carne muerta…