Tautología poética

“México bajo la lluvia 155” (1984), Vicente Rojo

Es verdad que los muertos tampoco duran

Ni siquiera la muerte permanece

Todo vuelve a ser polvo

José Emilio Pacheco, de Islas a la deriva

GONZALO TRINIDAD VALTIERRA |

Una especie de sinsentido cierra el círculo de misterio en torno a la vida de todo poeta. La circunferencia, en este caso, es tautológica: un poeta (considero a José Emilio Pacheco sólo como poeta) escribe su último texto sobre otro poeta (Juan Gelman) recién fenecido. Su texto su publica estando muerto el primer poeta que reconoció en el segundo al mejor poeta en la lengua de Cervantes.

Pero la verdad, o la certeza (hay pocas en esta vida), es que los poetas nunca mueren. No porque realmente no lo hagan. Sino porque su muerte no es la misma. ¿Qué se puede decir al respecto? Nada. No hay palabras que expliquen la ausencia de un poeta; salvo sus propias palabras. Pero estemos seguros que de todos ellos perdura lo más certero. Una metafísica de las certezas, de las palabras precisas como el filo de un cometa. Toda muerte tiene un dejo de catástrofe cósmica; aunque sea por una millonésima de segundo. Y luego el universo ni se entera.

De pronto los dos mundos en los que nos desenvolvemos (el material y el virtual) se ven saturados de mensajes, despedidas, duelos secretos, preguntas sobre la muerte, reflexiones huecas y un montón de frases melosas. De nuevo la palabra se vuelve tautológica. No hay despedidas que alcancen. Después de todo, ¿quién conoce realmente a un poeta? No digamos un gran poeta, o el mejor poeta, o el peor de los poetas. Un poeta a secas ya es algo muy serio. La palabra poesía tiene su densidad, su hondura abismal. Por cierto que otro poeta (Marco Fonz) se suicidó hace unos días, “Al fin estoy tan solo como un verso”.

José Emilio Pacheco no estaba sólo. Tenía sus versos.

 

La poesía que busco

Es como un diario

En donde no hay proyecto ni medida.

 

La escritura, sin embargo, era su medida. En ella sopesaba el viento de los tiempos, las medidas de los hombres: del más bajo al más encumbrado; en la escritura es donde un poeta persiste: nunca muere. Y sus versos son la verdadera prueba del tiempo. Mientras releo (admito que hace tiempo no lo hacía) a Pacheco me doy cuenta que ahí, en unos cuentos versos, se entrevé al poeta. Y qué pena, realmente, es que se tenga que morir un hombre de esos. De esos que parecen no pertenecer al tiempo; pero sí a la carne.

 

Mi único tema es lo que ya no está

Y mi obsesión se llama lo perdido

Mi punzante estribillo es nunca más

Y sin embargo amo este camino perpetuo

Este variar segundo tras segundo

Porque sin él lo que llamamos vida

Sería de piedra.

 

Lo que nunca estuvo. Quizá ese sea el camino de la poesía. Andar por los vericuetos de lo que por un instante adquiere existencia, y al siguiente ya no está. Esa obsesión de lo perdido. Por eso la poesía es un juego de niños. Como José Emilio Pacheco que, más allá de todas las críticas, siempre conservó su mirada infantil. Alguna vez lo vi, por azar. ¿O lo imaginé? Me pareció un niño enmascarado detrás de la estampa de un viejo. Con sus ojos detrás del cristal de una confitería secreta. ¿O detrás de las gafas? De la cual, de vez en vez, se robaba algún dulce; justo como lo hacen los poetas.

 

Las cosas hoy dispersas se reúnen

Y las que están más próximas se alejan

 

En unas cuantas líneas cabe el universo. Y todos los poetas están cocidos al mismo cometa. Todas las épocas tienen sus infiernos y unas cuantas líneas de poesía: su consuelo. Y tienen sus sabios y sus locos. Y las ciudades florecen; otras se vienen abajo en un gran abrazo al suelo. Se escriben unas cuantas líneas de los actos más netos y de los más oscuros. Y un día un hombre se cree poeta; porque los poetas no existen, son un sueño o un niño que descubre las magnolias en el jardín de su abuela. Y ese hombre crédulo de sí mismo toma una pluma, ¿de ángel o de ganso? Y escribe sobre las cosas dispersas; digamos que las lía. Y escribe sobre los barcos que se extinguen en el medio día de su juventud. Y todo lo demás es el silencio que la estela de la muerte deja.

| RMM | GT | @Seliztli |

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