Pescado santa cruz, (2013) Luis Villalobos.

Pescado santa cruz, (2013) Luis Villalobos.

 

GONZALO TRINIDAD VALTIERRA  |

Ubicada en la Casa de los Condes de Miravalle, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, la galería Bálsamo le ha dado cobijo a la exposición fotográfica “Tehuantepec, huellas de la danza”. La exhibición fue inaugurada la calurosa noche del 3 de abril a las 7:00 de la noche.

“Pasamos por el istmo de Tehuantepec, región dorada de México, con mujeres vestidas como mariposas y un olor a miel y azúcar en el aire”, así describe Pablo Neruda su paso por el istmo. En medio de ríos que serpentean hasta el infinito, y siempre bajo la mirada escrutadora de dioses de piedra y el penetrante olor a madreselva, el poeta apenas pudo entrever la vida de los tehuanos.

Digamos que cada visitante mira el istmo y trata de desenmarañarlo lo mejor que puede. Tarea si no imposible, por lo menos retadora. Pues, si una obra creativa puede llevar meses e incluso extenderse por años, ¿qué mirada es capaz de descifrar un mundo en unos cuantos días? Sin duda es un trabajo arduo para quien se afane en lograrlo.

En cambio, para quien pertenece al istmo de Tehuantepec, para quien conoce este mundo hecho de símbolos de un vapor primitivo, construido con piedra y sudor, hecho de rituales y bailes, la tarea de penetrar en él adquiere otro significado.

Este proyecto que “comenzó como una inquietud estudiantil”, según Raciel Rivas, curador de la exposición, ha sido el esfuerzo de un año en el cual Raciel y colaboradores encontraron “gente involucrada con el proyecto”, especialmente el fotógrafo tehuano Luis Villalobos y el ilustrador Enoc Gómez Mendoza.

“Tehuantepec, huellas de la danza” es una aproximación visual y registro documental de las danzas que se llevan a cabo cada año en esta región del país. La exposición es el documento de ese “suelo efervescente donde florecen danzas destinadas a celebrar la llegada nueva del sol ardiente”, comentó Raciel Rivas, pues “no todos los años la vida nos frecuenta”. En la muestra la “danza es una expresión vinculatoria de lo humano con el orden natural que funciona como huella cosmogónica”, agregó el curador.

Este símbolo primitivo de la danza tiene como objetivo celebrar la vida posterior a los días aciagos del fin de cada año, el cual podría ser el último de todos los años, según la tradición zapoteca. En este contexto erótico y ritual, el esfuerzo por documentar las tradiciones ha resultado en imágenes que celebran la seducción, el juego, el principio de la vida, la música, las mujeres “que visten como mariposas”, las calles tehuanas, el mezcal y los dioses en forma de pez.

“Las ilustraciones las hice en cuanto volví a la ciudad; cuando todavía estaba cargado de las imágenes”, comentó el ilustrador Enoc Gómez al respecto del trabajo que, a pesar de su factura tan detallada, sólo ocupa una parte de la exposición.

Como fotógrafo tehuano, Luis Villalobos comentó, “tu mirada se vuelve más cotidiana y entiendes el significado de ciertas ceremonias”. Agregó que uno de sus objetivos principales fue encontrar la manera de “cómo registrar el Tehuantepec que nos ha tocado vivir, tratar de encontrar cuáles son los símbolos de esa tierra que otros han retratado y producir un nuevo imaginario a través de la fotografía”.

Esta intención de registrar el Tehuantepec moderno a partir de una mirada local, la del fotógrafo Luis Villalobos, resultó en un vistazo íntimo de los rituales y las danzas. Al mismo tiempo, esta impresión fotográfica es un documento histórico que podrá ser consultado en el futuro. Y de esta forma, esta apreciación singular se integrará a las imágenes visuales que las miradas extranjeras han producido sobre Tehuantepec.

Las imágenes fueron tomadas en el 2013. El fotógrafo comentó que “esta colección es un documento histórico en el que registramos lo que sucede en las fiestas patronales; en ese sentido hay mucha honestidad en las imágenes, no hay elementos incorporados ni interpretaciones de Tehuantepec. No estoy forjando el Tehuantepec que yo quisiera”.

Una mirada particular es lo que uno puede encontrar en esta exposición. Una especie de red de pesca que lo atrapa a uno. Esa mirada es la del fotógrafo, quien explica que conocer su tierra le ha permitido ver cosas que el viajero no tuvo tiempo de ver, “creo que ésa es la diferencia, mi aportación, la de poder regresar al lugar y ver desde adentro, una mirada más intestina”.

De esta forma, “Tehuantepec, huellas de la danza” propone una lectura de la vida contemporánea de los tehuanos a partir de una mirada desde dentro, la cual, volviendo a los pasos de Neruda, revela un matiz poético de una tierra que por años ha sido interpretada de formas diferentes. Interpretaciones que en ocasiones más que aclarar, han opacado la belleza del istmo, lugar de México que siempre será, sin duda, un rincón fuera del tiempo.

 

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