Foto: Álvaro Paulín

Es de noche. Tom llega a la granja de Guillaume, pero está muerto, la madre sigue viva. Recibe la granja a un Tom asustado, nervioso, con la mirada desencajada como becerro frente al coyote. Ella, quien fuera su suegra sin saberlo, le ofrece comida, pregunta su nombre, lo mira. “Hueles a su perfume, hueles a él”. Pero Tom sólo calla, como siempre. Es el amor entre dos hombres un secreto infranqueable.

La obra Tom en la Granja, escrita por Marc Michel Bouchard y puesta en escena por Boris Schoemann, es un trabajo sobre la homosexualidad como pasión secreta. Realiza el guión un viaje a través de la familia como representante de la sociedad homofóbica, en la que dos personas del mismo sexo callan su amor mientras viven el azote del silencio torturante.

En el escenario se desenvuelve la mentira, pero también el amor. Dos hombres, Tom y Guillaume,  que se amaron en secreto por miedo al dedo flamígero de la sociedad que todo lo condena. Por eso los actores, puestos en marcha, mienten doble: fingen, primero, su personaje y al mismo tiempo sus personaje se disfrazan, bajo las telas de una heterosexualidad vencida.

La puesta en escena cuenta con las actuaciones de Pedro de Tavira, en el papel de Tom; Verónica Langer, interpretando a la madre de Guillaume; Leonardo Ortizgris, como el hermano de Guillaume, recién fallecido; y Alaciel Molas, en una breve intervención donde finge ser la supuesta novia que en vida tuvo el novio de Tom.

Si bien Tom en la granja es una historia sobre la mentira, también hace un cruce con el amor. Toda la obra gira en torno a la posibilidad latente de amar, pero tantas veces frenada por el miedo. Una madre que extraña al hijo muerto, creyéndolo heterosexual; un hermano con tintes homoeróticos, reprimiendo sus pasiones; una compañera de trabajo que sólo busca el dinero a cambio de solapar una mentira, pero en el fondo capaz de enternecerse por la vida y sus ironías; y un Tom enfermo de amor, asfixiado por el silencio forzoso.

Una obra sobre la mentira como forma de amar, trepidante, audaz, con humor negro. Actuaciones bien logradas, bajo la batuta de un director que gusta de la violencia como manifestación poética. Guión que gira entorno a un tema sin llevar al espectador al aburrimiento. Reflexiva, irónica, burlona, Tom en la granja se presenta en el Teatro Santa Catarina del Centro Cultural Universitario hasta el próximo 13 de mayo, los jueves y viernes a las 19:30 horas, los sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00.

RMM/AM