Leticia Vieyra: arte para la naturaleza

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Recuerdo que el primer encuentro que tuve con el “arte para la naturaleza” de Leticia Vieyra, fue casual. Caminaba los ultimos días del dosmilnueve entre las variopintas caras humanas, maletas, negocios y líneas aéreas del Aeropuerto de la Ciudad de México en espera del vuelo proveniente de los Ángeles en el que arribaría mi tía. La polisemia de los signos en el aeropuerto casi eran infinitos que mi percepción los encacillaba en caracteristicas monótonas, hasta que unas luces, me llamaron a detenerme y observar la vida de la muerte en la “Obra Reciente” de Vieyra. 

En su propuesta, la importancia en las artes visuales no radica en el discurso de ideas alrededor de la obra, sino el lenguaje sentimental que de ella emana, por ello, su “Obra Reciente” es una “alabanza a la naturaleza” que nace de la observación y admiración de todas las cosas naturales que se encuentran entre los limites de “la vida y la muerte”, “lo encontrado y lo construido” por el ser humano. En palabras del artisita: “No es arte para el medio ambiente, ni es la naturaleza llevada al arte, sino que es un trabajo que siempre trata de revalorar elementos naturales”.

Aquella exposición, titulada  “Leticia Vieyra. Obra reciente”, se exponía en el Centro de Exposiciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) y terminaba los primeros días de enero. Dichos trabajos eran la continuación del trabajo que comenzó hace 8 años con la “escultura biodegradable” de 5 metros de altura, Tejiendo Sabores, dentro del Programa de Residencias Artísticas del Museo de las Ciencias Universum de la UNAM.

 Más adelante decidí proponer su obra para una nota cultural en la editorial de un periódico de tiraje nacional, la cual fue aceptada -pero por los gustos estéticos del editor- , nunca publicada. De cualqueir forma concerté una entrevista con Vieyra a través de su página de Internet (www.leticiavieyra.com/) y amablemente me abrió las puertas de su laboratorio-estudio en su casa ubicada en las inmediaciones del pueblo de Tepepan. 

“Por mi primera formación profesional -Médico Pediatra-, aprendí a valorar toda la parte orgánica donde convergen la vida y la muerte; vives ligado a ellas trabajando todos los días. Desde esta perspectiva entre al mundo del arte y siempre me ha impactado: recojo piezas de la naturaleza antes de que mueran o muertas antes de que se degraden; rescato y redimo esas formas, es una percepción de vida y eso lo reflejo a través de las artes plásticas y visuales”, me comentó aquella noche la doctora, pintora y maestra, formada en la UNAM. 

En su Obra Reciente utiliza materiales, que podrían llamarse “la basura de la naturaleza”, que fueron recolectados desde hace cuatro años en zonas urbanas de México y Sudáfrica: olotes de maíz, ramas y semillas que recogidas en banquetas, parques, jardines y calles de Johannesburg y, en un estacionamiento de Pretoria; invitada por la fundación Fordsburg Artists Studios; y de México utilizó, el papel amate de la Sierra de Puebla y varas de Hidalgo. 

Las piezas de esta exposición son muy “frágiles, en analogía a la vida y la muerte. Las hice a partir de troncos o ramas que ya están blanqueados y secos por el tiempo, les hago crecer con mis esculturas de papel, flores, hongos. Mis piezas están en el limite de lo encontrado y lo hecho, porque si cualquiera de esas piezas fueran puestas en la calle o en tu casa lo que la gente te va diría ‘las encontraste o las hiciste; me ha gustado trabaja con esa parte ambivalente”, agregó la artista originaria de Ensenada Baja California. 

Entre sus piezas resaltan “Maíz”, hecha de olotes y varas, “Disco Solar 1 y 2”, de olotes y hojas de maíz; “Camino al Oriente”, construída del esqueleto de nopal y papel amate; “Nido”, de papel amate y hierro. Hace poco tiempo expuso  tres esculturas de chocolate en Bélgica por encargo de la embajada de México en ese país europeo que tuvieron un “éxito inusitado”.Por ello nuevamente fue invitada a regresar a Bélgica por “ los maestros chocolateros para dar un workshop sobre esculturas de chocolate”.

 En la actualidad la artista  se encuentra trabajando para una exposición en una galería privada que se montará en el mes de julio, en donde presentará una serie de piezas hechas con material natural.

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RL

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1 Comentario

  1. Tal vez la raza humana es la única basura de la naturaleza. Las hojas caídas son benéficas a la tierra. La lluvia es indispensable para la vida del planeta. Las flores marchitas caen al suelo y sirven para el nacimiento de nuevos botones. ¿Pero los humanos? ¿De qué servimos?
    Muy buena propuesta por parte de Leticia, desconozco su obra, pero de antemano ya estoy interesado en verla.
    También felicidades por el artículo. ¡Saludos!

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