#YoNoSéQuiénSoy

Foto: ©Alejandro Maciel

En las calles del país se escuchan voces de protesta. Se les oye reclamar por los derechos de los jóvenes, por la justicia, por la seguridad tan descuidada. Gritan para ejercer la democracia que les fue robada, año tras año, mediante fraudes impuestos desde la misma Presidencia. Son miles de jóvenes estudiantes, provenientes de decenas de universidades, públicas y privadas, los que integran un movimiento en ciernes llamado #YoSoy132.

Hay quienes dicen que surgieron a raíz de la visita de Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana, la Ibero; aseguran que el rechazo del candidato dentro de la institución fue el pretexto para politizar un movimiento. Pero la verdad, esa que pocos aceptan, es que no fue sino el detonante de un pasado colmado de vilezas, asesinatos e hipocresías de una falsa República.

Los miles de cuerpos marchando por la Ciudad de México y en estados como Oaxaca, Jalisco, Michoacán, Veracruz y Baja California, representan una juventud bañada por las aguas residuales de antaño, las de un país imposible de tapar las grietas de la cañería política. No son 132, dicen, son miles y miles de esperanzas pugnando por un rumbo diferente, con transparencia.

En sus inicios, las marchas fueron impulsadas por el rechazo absoluto al candidato a la presidencia Enrique Peña Nieto, personaje moldeado por las altas cúpulas políticas y mediáticas para posicionarse, hoy día, como el supuesto favorito de los mexicanos. Criticado, abucheado, pisoteado, amedrentado y sobajado a la peor de las escorias, el priista se convirtió en el móvil  de los estudiantes para despertar de la pereza intelectual.

Y ahí estuvieron, unidos todos: estudiantes de la UNAM, del IPN, la Ibero, el ITAM, la UVM, la UACM, la UAM, el Claustro de Sor Juana… decenas de centros educativos donde encrudece la voluntad de hacer algo, de no ser pasivos ante las desgracias nacionales, pero sobre todo, ante la urgente necesidad de frenar la llegada al poder del partido que dominó durante más de 70 años y que tanto daño provocó en las estructuras políticas de México.

Sin embargo, en pocos días las marchas dieron un giro vertiginoso: como la mano que arroja la piedra y después se esconde con pena en el bolsillo, los jóvenes cambiaron su postura. Ya no pedían la cabeza de un líder representante del autoritarismo partidista; ahora la apuesta se dirigía hacia los medios de comunicación. Democratizarlos, pidieron, como la urgencia primera del ardor electoral.

Intelectuales y académicos apoyaron el cambio de objetivo. Voces y plumas —ahora teclados— se pronunciaron a favor de las reformas legislativas en materia de telecomunicaciones. ¿Marchas anti-Peña Nieto? Ya no necesariamente. Como borregos enfilados a la postre del pastor, los miles de jóvenes que antes sólo gritaban contra el también llamado Candidato de Televisa, sumaban ahora reclamos en contra de televisoras, periódicos y estaciones de radio “vendidas”.

Y no contentos con ello, un tercer viraje se hizo presente: la vigilancia electoral ante un posible fraude, como el ocurrido en 2006, como el de 1988, como el que tantas veces se ha fraguado en la historia de México con limpia impunidad. Marchas y reclamos contra el IFE, pliegos petitorios para evitar la contratación de la casa de conteo rápido Hildebrando, y otras tareas afines van con rapidez cobrando fuerza.

El #YoSoy132 enfrenta —siempre lo enfrentó— un problema de objetivos y procederes.  Nació entre las emociones de la improvisación, por la euforia del momento. Respondió a una necesidad urgente del país, la de evitar el retroceso —si es que antes hubo avances— en la política nacional. Pero en el fondo nunca tuvo raíces. Creció como la hierba en la piedra equivocada. Cruzó los causes que encontró a su paso, sin trazar uno propio, auténtico, donde fluir sin inconvenientes.

Por ello cambia de forma. No puede ser llamado todavía movimiento, porque se mueve por sendas distintas. Cambia de camino como el andante inseguro, de pasos no constantes. Y todo andar que no sabe ni dónde ni cómo andar, lleva a la pérdida y al fracaso.

No es esto un pronóstico para los #YoSoy132. Es, en todo caso, un llamado de atención para construir acuerdos, tanto internos como exteriores, que permitan la ramificación de sus integrantes. Que ya no sean sólo jóvenes los que marchen, y que no sean sólo marchas las que se realicen. Para conformarse como movimiento, deben transformarse, sí, pero no en sus ideales, sino en sus métodos para proceder.

El riesgo de tener movilizaciones con y para jóvenes estudiantes —con las implicaciones que tiene— pareciera excluir de la jugada a los millones de mexicanos que no pertenecen al sector y que están dispuestos a unirse. En todo caso, debería pugnarse por un movimiento de ciudadanos, estudiantes o no, unidos para conseguir una misma finalidad: la de no permitir la llegada del mismo grupo político responsable de las atrocidades históricas.

Por ello no deben desviarse el camino. Ante las próximas elecciones, debe persistirse en la misma idea partidista. Deslegitimar a un candidato no significa apoyar a otro. No se trata de ser proselitistas, sino de informar y revelar información a los millones de mexicanos enajenados con Peña Nieto para esquivar el hueco al que pretenden llevar los interesados en sus riquezas, en su poder y en su bienestar a costa del bienestar popular.

La democratización de los medios, no menos importante, puede pelearse en un segundo caudal que vaya a la par del primero. Ambos temas —el “anti Peña Nieto” y la pugna por legislar las telecomunicaciones— son irrenunciables. No deben los miles de jóvenes avergonzarse por exigir la caída de un títere mediático que ningún provecho traerá a este país de urgencias y necesidades constantes. Al contrario, es su deber pedirlo, pues representa un acto de naturaleza democrática.

Tampoco deben obedecer a las voces de intelectuales y líderes de opinión que desacreditan sus andanzas. Ni tampoco deben ser rebeldes, desobedientes de las reglas ni impulsores del desorden público. Simplemente deben Ser, pues en el seguimiento de las convicciones y principios reside la respuesta para fraguar un auténtico movimiento.

En la medida en que los integrantes del #YoSoy132 consigan verse no como estudiantes, sino como ciudadanos exigiendo sus derechos, y se provean de las herramientas y procedimientos necesarios para actuar con eficiencia, podrán empezar a Ser, podrán sentir que Están. Mientras tanto, de continuar por el camino equivocado, quedarán atados a sus problemas de raíz, de origen, a su irresoluble ontología. De su terrible apelativo que más bien refiere un #YoNoSéQuiénSoy y #YoNoSéQuéQuiero.

AM

503 Comments

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